Ernesto García
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Por primera vez en más de ocho años volví a buscar asistencia médica en la Clínica Médico Previsional adscrita al INSS, en el Hospital Bautista; pero esta vez, al salir de ese centro asistencial, viví en carne propia el sentirse timado.

Digo lo anterior porque después de cotizar por muchos años al INSS, el encargado de entregar el medicamento, con arrogancia extrema, me dijo que “un triste” jarabe de Bromexina, elaborado en Nicaragua, no me lo cubre la lista de medicamentos autorizada.

Ante la afirmación del empleado del Hospital Bautista, sólo avancé unos cuantos pasos y me dirigí al mostrador donde despachan el medicamento de los pacientes privados que acuden al mismo centro asistencial, que por cierto está mejor surtida y allí sí había el medicamento indicado por el facultativo.

Como el que despacha el medicamento de los infortunados afiliados al INSS me dijo que el jarabe de Bromexina no lo cubría con las cotizaciones que mensualmente “regalo”, pensé que debería pagarlo con mi tarjeta de débito, por no andar mucho dinero en efectivo.

No obstante, el referido medicamento tiene un costo de 18 córdobas con 39 centavos, según factura número 707823, el cual adquirí para mejorar mi estado de salud. Entonces, como asegurado me hice la siguiente pregunta: ¿qué hizo el INSS con los 635 córdobas con 34 centavos que les aporté como cotizante durante julio, cuyo comprobante de Pago y Derecho está vigente para el mes en curso?
No puede ser posible que después que el suscrito aportó de su salario la cantidad antes referida, y el empleador aportó una cantidad superior, me sea negado un jarabe cuyo costo no supera ni un dólar, después que durante más de 15 años he aportado al INSS miles de córdobas de mi sacrificio, al igual que otros miles de asegurados.

Igual suerte a la del sucrito corrieron otros que iban en la fila de los mal llamados asegurados, porque una madre que pidió un jarabe para su hijo recibió por respuesta que el mismo sólo estaba en presentación de gotero, mientras un hombre, quien a gritos dijo que mensualmente aporta al INSS quinientos córdobas, recibió la arrogante repuesta de un vigilante panzón, quien le expresó: “Quinientos córdobas son los que pagan al INSS, pero el hospital no recibe todo ese dinero”, y se ajusta al cinto la pistola que carga.

Para ser justo con los empleados del Hospital Bautista, admito que sí me entregaron varias pastillas de Acetominofén y de Azitromicina de 500 miligramos; pero en honor a la verdad y en base a esta experiencia, en la próxima mejor le hago el pedido a mi vecina, que es farmacéutica, y me evito así la incomodidad que significa ir a una clínica médica previsional.

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