Jorge Eduardo Arellano
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Los violentos sucesos de León, que han enfrentado a Sandinistas y opositores en la carretera el 21 de septiembre pasado, pueden ser entendidos a la luz de nuestra Historia. Luego de la separación de la Provincia de Nicaragua de la Federación de Repúblicas de Centroamérica, los liberales de León se erigieron en la fuerza revolucionaria frente a los conservadores de Granada. Entre el final del siglo XIX y las primeras siete décadas del siglo XX, la Ciudad Universitaria se convirtió en la “Cuna del Liberalismo” nicaragüense.

Los liberales lograron alzarse con el poder luego de los treinta años conservadores. Pero su consolidación llegó luego de las dramáticas gestas de los generales Benjamín Zeledón (liberal) y Augusto C. Sandino (originalmente liberal). Tal proceso concluyó con el ascenso al poder del general Anastasio Somoza García y sus dos hijos, Luis y Anastasio.

Para que no quedara duda de que León era el territorio insignia de los liberales, Anastasio Somoza García desposó a la hija de uno de los patriarcas liberales de esa ciudad y decidió lanzar allí su candidatura a la reelección en septiembre de 1956. Tal ocasión fue aprovechada por un pequeño grupo de conspiradores para ultimar al dictador, luego de concluir que a Somoza García solamente se le podía sacar del poder a punta de balas. Hasta ese 21 de septiembre, distintos grupos opositores habían fracasado en lograrlo desde el campo de la política, la guerrilla y la conspiración.

Los balazos que el poeta Rigoberto López Pérez le propinó a Somoza García durante el baile que se desarrollaba en el Club Social de Obreros, para celebrar la nueva candidatura a la Presidencia de la República, significaron varias cosas a la vez. El poeta, cuentan los historiadores, previno que el atentado era apenas el principio del final de la dictadura. Ese final llegaría 23 años después. Fue también una bofetada a los liberales. Los habían golpeado rotundamente en su propio patio. La respuesta al atentado ya la conocemos. Fue uno de los peores capítulos de nuestra Historia.

La caída del último de los Somoza, Anastasio jr., se selló formalmente no con su salida el 17 de julio de 1979, sino con la entrada triunfal a León de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional desde Costa Rica. Las tropas jefeadas por Dora María Téllez habían propiciado tal suceso. Los Sandinistas habían tomado el bastión histórico de los liberales. Se realizaba la profecía de Rigoberto López Pérez, y León era ahora territorio Sandinista.

Desde ese 1979 el FSLN ha gobernado León. Allí ha ganado todas las elecciones. Sólo Estelí, Ocotal y Jalapa compiten con León en cuanto al nivel de lealtad que sus electores sienten hacia el FSLN.

Por esa razón --como los Somoza en su momento-- los Sandinistas sienten que no pueden permitir que su hegemonía sea cuestionada en León, pues --dicen ellos-- las calles, plazas y caminos de la Ciudad Universitaria es territorio de los Sandinistas. Desde nuestra peculiar cultura política, ¿qué significa que dejés que tus enemigos desfilen en tu patio ¡y en una fecha tan emblemática!?
Que grupos opositores al gobierno de Daniel Ortega se hayan atrevido a organizar una marcha de protesta el 21 de septiembre, cuando se conmemora la gesta de Rigoberto López Pérez, en León, era algo que los Sandinistas sentían que no podían tolerar. ¡Aquello olía a provocación!, como lo dijera luego el procurador Omar Cabezas, nativo de esa ciudad. Tal tesis ha quedado explicitada por las palabras de uno de los activistas que repartió palo a quienes pretendían llegar a la ciudad: “Este territorio es nuestro”.

Aquel 21 de septiembre de 1956 estremeció a Nicaragua. Se supo entonces que era posible acabar con los Somoza. Este septiembre de 2008, ¿qué lectura nos deja? Los comentaristas han dicho que se trata de un episodio que revela la gravedad de la situación política del país. Desde la Historia se puede decir que todavía faltan inteligencia y acciones políticas capaces de llevar a la sociedad nicaragüense a un nivel superior al que produjeron los métodos empleados en tiempos pasados. También, que la política de las Tres P, cuya fundación se atribuye a Somoza García, se niega a desaparecer: plata para el amigo, palo para el indiferente y… ¿plomo para el enemigo?