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Al rememorar mis años de estudio en el Instituto Pedagógico de Varones de Managua, que este año cumple cien años de fundado, no solo vienen a mi memoria las figuras inolvidables de los Hermanos de las Escuelas Cristiana sino también las de los profesores laicos que contribuyeron a nuestra formación. En un artículo anterior me referí a los Hermanos que fueron mis preceptores en la escuela primaria. Pronto me referiré a los que se encargaron de mi educación secundaria. Ahora deseo incorporar a mis recuerdos los nombres de los profesores laicos, que en mis tiempos de estudiante hicieron un valioso aporte al prestigio del Pedagógico por su reconocida capacidad en diversas disciplinas. Todos ellos eran, a su vez, exalumnos del mismo Pedagógico.

En el nivel primario, ya mencioné al Maestro Félix, al Dr. José Antonio Duarte, más tarde Secretario, por muchos años, de la Corte Suprema de Justicia, y Carlos Frixione.

En el nivel secundario se destacaban los profesores Francisco Martínez, el querido y diminuto maestro Panchito, catedrático de Gramática e Historia, y sobresaliente profesor de dibujo, capaz de trazar en el pizarrón un círculo perfecto sin recurrir al compás; el profesor Gilberto Moreira, a quien llamábamos cariñosamente “Chico Gil”, competentísimo profesor de Aritmética Razonada, Geometría, Física y Química; el Dr. Ricardo Paiz Castillo, autor de los textos de Historia de Nicaragua y Centroamérica, asignatura que él impartía con notable propiedad y cualidades didácticas; el Profesor Allan Edwin Burns, que ponía todo su empeño para que aprendiéramos Inglés. En esa época, todos ellos se presentaban en el aula de saco y corbata, sin importarles el sofocante calor.

El Dr. Paiz Castillo, el más elegante de todos y quien también presidió por buen tiempo la Asociación de Exalumnos del Instituto, era el que tenía más sentido del humor. Recuerdo que al hablar de Erico El rojo, siempre preguntaba: “¿Quién dijo Perico, el rojo”?, sin que nadie lo hubiese hecho. Pero la “culpa” siempre recaía en Juan Ignacio Gutiérrez Sacasa, a quien el Dr. Paiz “castigaba” poniéndolo de pie a su lado para “cuechear” con él.

He dejado de último al único de mis profesores laicos del Pedagógico que aun vive: el Dr. Alfredo Cardoza, Médico y Cirujano, a quien llamábamos “el indio Cardoza”, sin que a él le molestara en lo más mínimo.

El Maestro Cardoza, además de atender las actividades deportivas, era nuestro profesor de Educación Física. Era él quien nos preparaba, con férrea disciplina, para los desfiles escolares del 14 de septiembre. En estos desfiles, el Pedagógico compartía honores con el Instituto Nacional “Ramírez Goyena” como las atracciones culminantes y más aplaudidas. A aquellos inolvidables desfiles asistíamos, “bajo el nicaragüense sol de encendidos oros”, orgullosamente vestidos con nuestros impecables y vistosos uniformes de casimir azul. ¡Todavía siento el tremendo calor que debíamos soportar, esperando horas de horas en la explanada de La Loma de Tiscapa nuestro turno para desfilar, que solía ser el último para que el desfile cerrara con broche de oro! Y es que la “banda de guerra” del Pedagógico, (así se llamaban entonces, ahora son “bandas musicales”), era sin duda la que ejecutaba las mejores marchas. Los ecos de los clarines y los tambores aún resuenan en mis oídos.

El Maestro Cardoza era quien supervisaba que todos los “pelotones” del Pedagógico marcharan a la perfección. Mi poco entusiasmo por todo lo que pareciera militar me hacía perder el paso constantemente. Me parece que estoy oyendo la voz enérgica del indio Cardoza llamándome la atención: “¡Tünnermann, otra vez no marca bien el paso!, ¡Tünnermann, se marcha con el cuerpo erguido!”.

Pero la opinión del Maestro Cardoza sobre mi aplicación seguramente mejoró cuando nos dio la clase de Geografía en segundo año de la secundaria. Nos hacía competir por bandos para que nos preguntáramos mutuamente los datos geográficos más relevantes. Ganaba el bando que no fallara ninguna pregunta. El mío, modestia aparte, siempre ganó. El método era muy didáctico. Tan es así, que casi medio siglo después, aun puedo recordar los nombres de casi todas las capitales de los estados de los Estados Unidos y de los principales ríos de Europa.

El Maestro Cardoza, no solo fue un profesor notable y muy querido de sus alumnos mientras ejerció la docencia. Ha sido, y sigue siendo, “lasallista” hasta los tuétanos. Hace algunos años fue seleccionado, justamente, como el “ex alumno del Siglo XX” del inolvidable Pedagógico.

 

* Jurista, educador y escritor