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Panorama: un bar, en la barra dos mujeres sentadas, al lado de ellas dos hombres tomando. El reloj marca la una de la mañana, ellas son las únicas dos mujeres en el bar. ¿Por qué debería esto dar pie a una agresión? ¿Por qué el hecho de estar en un bar a esa hora sirve de excusa para que cualquier hombre del bar ofenda/agreda/abuse de las mujeres? Todo radica en una imposición de inseguridad que el sistema machista/patriarcal/religioso sostiene desde hace siglos.

Esta imposición de inseguridad se sostiene por un sistema de supuestos/exigencias/certezas hacia la feminidad/cuerpo de la mujer y la moral. Uno de estos supuestos es el tema de que la mujer decente se mantiene en casa, trabaja lo doméstico y cuida de los habitantes de ese espacio.

Lo contrario es razón de castigo. La mujer que anda en la calle es interpretada como una vaga, alguien que no tiene que hacer, que rehúye a las labores domésticas, que no es hija de casa, que no es mujer decente. La mujer que se maneja en la calle es sinónimo de puta, término que la sociedad patriarcal y machista ha validado como la representación de la mujer perniciosa, mala y peligrosa.

Si revisamos este supuesto, entonces, la mujer/mujeres en lugares públicos; el ojo machista las acusa de provocación, duda y desconfianza; lo cual es pauta para cualquier agresión/abuso/violencia.

A la par de esta demanda social hacia las mujeres está el entramado de supuestos/exigencias/certezas en torno a la masculinidad, al cuerpo del hombre y su moral. Los hombres consumen los imaginarios sexistas del cuerpo de las mujeres e históricamente han construido respuestas/acciones/castigos hacia aquellas mujeres que no se someten a imposiciones patriarcales sobre la feminidad.

Los hombres y mujeres que avalan estos sistemas de evaluación-castigo funcionan como guardianes y policías encargados de resguardar que esa feminidad no se pervierta, de señalar/castigar a aquellas culpables de estar pervirtiendo la feminidad en algo libre, autónomo y sin miedo.

No son leyes dichas o escritas, pero se transmiten generacionalmente; entre madre/hijas, padres/hijos. Se valida la feminidad/masculinidad correctas y se emiten juicios perjuiciosos hacia aquellos/as que no cumplan con los estándares de feminidad y masculinidad imperantes.

En este sistema ser mujer implica libertades socavadas, no derecho a autonomía o a caminar tranquila por la calle, caminar con miedo y culpa. En esta sociedad la mujer que sobresale es sospechosa, la mujer que sale y se divierte, que goza y se expresa de la forma en que desea; es interpretada como alguien de moral dudosa/dignidad deteriorada/valor nulo.

Estas valoraciones se manifiestan de diversas formas, hay quienes lo piensan pero no lo dicen, otros que lo manifiestan con su actitud y los que sobresalen son aquellos que al concluir que es una mujer indecente por andar en la calle, sin un hombre y con otras mujeres, construyen toda una lógica que justifica cualquier agresión/acoso/abuso/violencia que ellos quieran ejercer. Cabe señalar la lógica que cada agresor se construye está sustentada en el imaginario social que cree firmemente que la mujer que anda fuera de su casa, sea a la hora que sea y sobre todo de noche y de fiesta, merece cualquier violencia pues se lo anda buscando.

Muchos hombres, con principios básicos de funcionamiento entre los que sobresalen machismo/misoginia/violencia y el síndrome de guerrero/militar/emperador/mandamás sostienen que es normal y lógico que a una mujer que sale o que ande sola o con amigas, le guste que la acosen, y que si se hace la difícil es porque en realidad quiere que ellos sigan agrediendo hasta que se concrete una violación. Existen mujeres que asumen estas lógicas como válidas y son cómplices de las agresiones de padres/parejas/hermanos/tíos e hijos. Incluso en algunos casos en contradicción con las luchas que ellas digan tener hacia la No violencia de género.

Ante tanta complicidad y violencia estructural arraigada por siglos en el imaginario de esta sociedad y en los cuerpos de hombres y mujeres, no queda más que reafirmar las banderas de luchas, que nuestros estandartes griten ¡Si tocan a una nos tocan a todas! ¡A toda agresión una respuesta! ¡No seremos cómplices de la violencia!

 

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