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El grave deterioro ambiental provocado por las gentes, las empresas y los estados del mundo es cada vez más frecuente y nos dejan ver que en este siglo la crisis ambiental es envolvente. Esto quiere decir que en poco tiempo no habrá un ser humano y país que no la padezca aunque los grados de responsabilidad sean distintos.

Por otra parte en la protección a los recursos de la Madre Tierra se ha avanzado tanto que los últimos 50 años son de convenciones, tratados y protocolos y cumbres internacionales relacionados con el cuido del planeta y las posibilidades de un desarrollo sostenible y humano. Nicaragua es parte de muchas convenciones sobre el medio ambiente y el desarrollo.

Sin embargo toda ley cae o muere si los funcionarios son corruptos y la legislación no es respaldada por una ética decidida a cambiar nuestras actitudes y conductas.

La respuesta de la sociedad es ahora porque podríamos llegar a un punto de no retorno. En nuestro país una de las respuestas es asumir nosotros mismos como ciudadanos lo que hemos creado en términos de educación y el sólido marco jurídico promulgado en relación al medio ambiente, los recursos naturales y los delitos ambientales.

Nicaragua que fue un paraíso hoy es una tierra devastada en muchas de sus zonas y otras pendientes de rapiña. Ejemplo reciente de esta afirmación es el conflicto en Bosawás, enfrentamiento fuerte entre los pobladores ancestrales y los colonos nuevos, testaferros que sirven a las mafias madereras. Todo mundo sabe quiénes son estos depredadores y cuál es el contubernio que existe entre estos grupos delincuenciales y los funcionarios públicos, sin embargo pocos de éstos han pagado por sus graves delitos que se quedan en una costosa y sangrante impunidad.

A propósito de reservas de biósfera, Gustavo Adolfo Ruiz, biólogo y investigador, dice en su trabajo de reciente aparición titulado “Bosawás selva virgen que se va” que en estos 21.855 km cuadrados de extensión de Bosawás, existen 9 cuencas hidrográficas, 21 ecosistemas y seis tipos de bosque. En esta prodigiosa red de vida participan desde hace siglos los mayangnas y los mískitos que la conservan con sus pautas culturales solidarias con la selva, los bosques y su fauna.

Lo que los ciudadanos debemos hacer es organizar un movimiento social ambiental guiados por los ejes de acción de una cultura de paz, organizados y con la ley en las manos, para exigir el cumplimiento de las políticas de estado y la legislación vigente en materia ambiental y transformar este panorama desolador de destrucción de los ecosistemas.

El propósito de movilizarse para proteger y salvar lo que nos queda de riquezas naturales y paisajes trasciende a cualquier organización ambiental por prestigiosa que sea. Es toda la sociedad la que debe moverse y educarse para conservar su medio. Los problemas ambientales del país requieren de un énfasis persistente en la estratégica educación ambiental además de la aplicación estricta de la ley y, sobre todo, cambios éticos.

 

* Profesor