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Podría ser considerado fundador del periodismo el español Marcus Fabius Quintilianus, un famosísimo retórico, gramático y abogado trasladado a Roma en la segunda parte del primer centenario de nuestra era. Falleció en la capital del imperio hacia el año 120. ¿Es posible que en tiempos tan pretéritos alguien haya hecho aportes sustanciales al periodismo moderno? ¿Se le puede considerar el creador de las bases de lo que dieciocho siglos más tarde se conocería como la pirámide invertida?

Hace tres o cuatro años, cuando preparaba una clase para la UCA, leí, entre otros, un extenso ensayo de la periodista colombiana Ana María Millares sobre periodismo cívico. De inmediato me inscribí entre las filas creyentes en los ciudadanos como principales protagonistas de la información, pero disentí en cuanto a que la técnica de la pirámide invertida fuera un corsé limitante, producto del modelo liberal burgués que surgió con la Revolución Francesa, aunque creo que una noticia se escribe mejor desde el género de la crónica.

La pirámide invertida consiste en escribir una noticia de lo más a lo menos importante, contestando en el primer párrafo la mayoría de las preguntas ¿quién, qué, cómo, dónde, cuándo y por qué? Por muchos años he creído natural, lógico y apropiado el uso de estas preguntas porque las respuestas conducen de forma directa a aproximarnos a los hechos. No me ha parecido una fórmula ideologizada para tender un manto de ocultamiento en favor de los poderosos (aunque puede ser utilizada como tal).

En el ejercicio del periodismo predominan las voces de la gente de poder, pues la mayoría de las fuentes de las noticias son los líderes empresariales, dirigentes del Estado –sobre todo del gobierno central–, partidos políticos, organizaciones religiosas y de organismos no gubernamentales. Pero, contradictoriamente, los principales protagonistas de muchos hechos ignorados es la gente de a pie. De aquí se deriva un trato desigual e inequitativo, una injusticia informativa, un sesgo y hasta un ocultamiento y una manipulación de parte de los medios de comunicación social. Pero esto no es culpa de la pirámide invertida, sino de las políticas de los dueños y editores de los medios.

Muchos teóricos atribuyen el surgimiento de la pirámide invertida a una exigencia cultural anglosajona por acercarse a la realidad de los hechos; y a las limitaciones para transmitir las noticias, primero por telégrafo, y luego por teléfono. El contexto fue la Guerra de Secesión (1861) en Estados Unidos de Norteamérica. Los periodistas formaban grupos y uno a uno transmitían a sus medios solo la entrada de la noticia y en la segunda ronda, el segundo párrafo, y así sucesivamente, hasta completar la nota informativa. La esencia debía estar en la primera línea.

Quintiliano ascendió a los círculos de poder en Roma y fue protegido de los emperadores Galba y Vespaciano. Fundó la más importante escuela de retórica en el mundo conocido, a la que asistían como alumnos personalidades de la época. Su gran obra pedagógica, “La Institutio Oratoria”, contiene doce libros, y en el quinto, sobre la “dispositio”, establece el uso de las preguntas ¿Quis, quid, ubi, quibus auxiliis, cur, quomodo, quando? (¿Quién, qué, dónde, con qué, por qué, de qué modo, cuándo?) para determinar la naturaleza de un hecho.

Según Quintiliano, con las respuestas a estas preguntas se podría dar un orden a lo ocurrido, pues la interpretación requiere de una disposición de las ideas. Esto era desde el punto de vista de las leyes, de cómo llegar a la verdad, y cómo decirla en un juzgado, y para nuestro asombro, plantea también que para ganar credibilidad e impactar entre los jueces, primero hay que decir lo más importante, también la necesidad de brevedad y claridad, y no permitir ambigüedad ni doble sentido, es decir, estableció los pilares esenciales para redactar una noticia.

 

* Periodista y docente