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Los católicos sueñan con un Papa iberoamericano, el que puede convertirse en realidad. La renuncia del Sumo Pontífice Benedicto XVI, el número 265 de los herederos de San Pedro, efectuada el 28 de febrero, sorprendió a Tirios y Troyanos, cuando indicó que ya no tenía “fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”. El último Papa que dejó el cargo fue Gregorio XII, poniendo fin al cisma de Occidente en 1415. Su último día de pontificado fue transmitido en directo a los cinco continentes por Radio Televisión Italiana (RAI) y Centro Televisivo Vaticano (CTV),  los que seguirán los eventos presentes, el cónclave y la elección del futuro Vicario de Cristo.

Las especulaciones sobre su dimisión son profusas y cuantiosas. Muchos creían que había reformado la Curia romana y la Secretaría de Estado. Pero los compromisos se multiplicaron y la filtración de los “Vatileaks” (documentos y correspondencia papal) que llevaron al arresto del mayordomo Paolo Gabriele, hicieron que brotaran a la luz pública supuestas tensiones ocultas.

El Pontífice y sus colaboradores lograron combatir la pederastia, pero no pudieron completar la reforma interna para limpiar la Iglesia de clérigos desviados, banqueros descompuestos y el desacuerdo expresado por diferentes sacerdotes que invitaron explícitamente a la desobediencia, pidiendo el fin del celibato y el comienzo del ministerio femenil. En la sociedad secularizada quedaron aplazados los problemas matrimoniales y los divorciados.

Estas cuestiones complicaron la faena del respetado intelectual Joseph Ratzinger, uno de los teólogos más acreditados del siglo XX, sensible al medioambiente, entusiasta del fútbol y del Bayern Munich, el que comunica en diez idiomas, tiene escritas 110 obras, tres encíclicas y cuatro exhortaciones apostólicas. Ha viajado por 25 países, entre ellos Brasil y México. Atendió a 1.5 millones de jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud y recibido a 2.5 millones de peregrinos.

Desde hoy, el colegio cardenalicio gobernará la Iglesia Católica Romana y el Santo Padre se trasladará a Castel Gandolfo, hasta que sea elegido su sucesor. La Sede Vacante (tiempo que va desde la muerte o renuncia hasta la elección) y el cónclave, se congregará el 15  marzo, pues según el vocero vaticano, Mons. Federico Lombardi, “el papa ha elegido este tiempo del año para llegar a la Pascua con el nuevo Papa”. Desde 1059, toda la elección está en manos de los cardenales que hay en cada momento, aunque solo pueden votar en el órgano elector los menores de 80 años. El máximo es 120 electores.

 

* Periodista cubano-americano