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Granada ha sido la ciudad nicaragüense más proclive a los jesuitas. A principios del siglo XVII se establecieron por primera vez en la ciudad. Entonces, de 1616 a 1620 regentaban un centro de enseñanza e impartían lectura, escritura, catecismo, nociones elementales de gramática y latín. Un documento de la época refiere que sus alumnos, “hijos de los españoles”, acostumbrados “en sabiendo andar a ser vaqueros y hombres de campo”, se convirtieron en “muy buenos gramáticos y latinos, políticos, bien criados y doctrinados, de manera que ya se podía esperar de ellos grandes letras y virtud”.

Durante esos años surgió el primer joven oriundo de Nicaragua que ingresó a la orden ignaciana: Antonio Cáceres. Granadino, tuvo de modelo al exgobernador de la provincia Pablo Loyola, quien decidió trasladarse a México para servir de portero y hermano coadjutor. Cáceres profesó en el Colegio de San Lucas, en Guatemala, del cual sería maestro de gramática. Hacia 1686 enseñaba Bellas Letras en los colegios mexicanos de su orden San Pedro y San Pablo. En uno de ellos escribió una laureada composición en verso y un sermón sobre San Ignacio. Retirado en el convento de Tepotztlán, murió con fama de santidad. Fue nuestro primer poeta sacro.

El 5 de febrero 1853 desembarcó en Granada, procedente de San Juan del Norte, un grupo de jesuitas expulsados del Ecuador. Iban hacia Guatemala, pero se detuvieron un mes en la ciudad, dedicándose a actividades propias de su ministerio. En una de ellas lograron que comulgasen más de dos mil personas. Los jesuitas retornaron, expulsados de Guatemala, en 1871. Diez años permanecieron en el país realizando notables labores misionales y educativas. Uno de ellos, Nicolás Cáceres, elaboró los planos de la parroquia, hoy catedral de Granada; otros dos —Felipe Cardella y Francisco María Crispolti— administraron hasta 1881 la iglesia de la Merced.

En 1914 dos jesuitas llegaron de Panamá a Granada para conocer las condiciones de una posible misión y, al año siguiente, otros tres celebraron “El mes de María” en la citada iglesia de la Merced. El primer viernes de septiembre de 1916 los jesuitas, encabezados por el Padre Camilo Crivelli, iniciaban sus clases en la Escuela-Academia del Sagrado Corazón de Jesús, establecida en una casa esquinera de Jalteva. Ese mismo año la iglesia del mismo nombre fue encomendada a ellos. La Escuela-Academia se transformó, a partir de 1919, en el Colegio Centroamérica, frente al Gran Lago, que duraría hasta 1967. Pero la comunidad jesuita de Jalteva ha permanecido hasta hoy. Más aún: cumpliría, dentro de tres años, cien años de existencia.

Sin embargo, personas de todo crédito han divulgado que los jesuitas abandonarán su comunidad y la iglesia de Jalteva, interrumpiendo una tradición que tantos beneficios ha procurado a los granadinos. El fallecimiento de su último superior, Padre Jesús Hergueta, tan recordado y querido como muchos otros jesuitas, ha sido aparentemente su factor desencadenante.

En nombre de amigos y discípulos de los jesuitas, tanto granadinos como nicaragüenses en general, insto a las autoridades correspondientes a reflexionar sobre el lamentable daño que provocaría esa decisión.

 

* Escritor e historiador