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Una conducta inteligente es aquella mediante la cual se resuelve un problema de una forma directa, sin ensayos, como resolver un problema matemático o filosófico, a través de fórmulas, cálculos o silogismos para llegar a una solución.

¿Podemos hablar de inteligencia en los animales? ¿Es el hombre un animal? Estas cuestiones no merecen análisis simplistas. La psicobiología emplea el término instinto para expresar las características no ejercitadas del comportamiento animal. Esto hace que los neo darwinistas aniden esperanzas evolutivas sobre la inteligencia bruta adiestrada.

En 1859, Darwin afirmaba que existe una continuidad entre la mente del hombre y otros animales: “¿Por qué el pensamiento, que es una secreción del cerebro proveniente de los animales inferiores, ha de ser más maravilloso que la gravedad, una propiedad de la materia?” Considerar al hombre como un animal tiene muchas implicaciones. Carece de cualquier connotación moral: un rasgo humano distintivo. Los contrastes resultan abrumadores y complejos.

Skinner en su clásico ensayo “Más allá de la libertad y la dignidad” sostiene que por el instinto se obra sin razonar. Son conductas innatas —sobrevivencia— tan arraigadas en nuestro cerebro que ni siquiera lo percibimos. Nos incita a los celos y la guerra degradándonos en animales territoriales. La conducta humana necesita de reforzamientos. Una ciencia errática intenta estudiar al ser humano como si se tratara de chimpancés y perros. ¿El instinto se convierte en inteligencia cuando media la reflexión?

La sociedad humana es cultura e historia, algo ajeno a las sociedades animales. Entre sí, poco tienen en común. En los experimentos con palomas y ratas –caja de Skinner— se logró demostrar su respuesta al condicionamiento operante, reforzado por la repetición sostenida de errores y aciertos que recompensan o sancionan la “inteligencia” práctica en animales privados de alimento o agua: ¿instinto o inteligencia? Se trata de un estímulo de refuerzo positivo, primario y dependiente de características biológicas de carácter adaptativo: instintivas a cambio de un premio. O castigo.

Los estudios de Köhler demuestran que los chimpancés usan objetos para satisfacer necesidades básicas de sobrevivencia — bastón y banano— como conductas de supervivencia relacionadas con la reorganización del espacio perceptivo animal, auxiliado por una habilidad anatomo-fisiológica simiesca. Los simios resuelven problemas prácticos de prensión y superación de obstáculos no mostrado en perros y gatos.

La inteligencia es la solución eficiente de problemas. Los simios superiores elaboran utensilios con mucha dificultad salvo excepciones y a través de múltiples pruebas. Ante una situación compleja no lo resuelven de manera eficiente. Esto permite concluir que los monos solo preparan sus instrumentos para salir del paso. Cualquier animal al moverse en el área de lo singular y concreto es incapaz de resolver problemas abstractos a través de operaciones mentales. Debe tener -sine qua non- dentro de su campo perceptivo, el medio y el fin.

Si un animal no los posee, no podrá relacionar estos conceptos. Al contrario, un niño sin tener el fin cercano del medio, puede utilizar ese medio para conseguir el fin al tener consciencia de su acto. Se trata de una capacidad intelectiva de acción al máximo funcionando con una inteligencia lógica abstracta multifactorial según la Escala de Thurston. Ausente en los animales.

¿Existe la genialidad en los animales? Algunos animales comparten con los humanos rasgos psicológicos primitivos y se observa con cierta frecuencia. Actúan en circos y videos cómicos televisivos en situaciones impredecibles, sin embargo, aceptar que se trata de prodigios intelectuales equivale a creer que un elefante “pintor” de Tailandia es un rival de Pollock o de Kokoschka o que los cerdos son nuestros primos. Sí, es posible, en Alicia en el país de las maravillas.

 

* Médico cirujano