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Financiarse en Bolsa es un proceso sencillo y ágil, sobre todo, para aquellas empresas que tienen ordenada su casa, es decir que cuentan con estados financieros auditados, una estrategia definida, proyecciones financieras realistas y un sano gobierno corporativo, que sirvan de base para efectuar un “striptease” financiero ante el público inversionista a quien se le debe “desnudar” toda la información necesaria para la toma de sus decisiones de inversión.

El “striptease” financiero constituye para muchas empresas una barrera difícil de saltar. Sin embargo, en nuestro mercado de valores, y en la región centroamericana, muchas empresas optan por la bolsa, y se financian predominantemente a través de las emisiones de instrumentos de deuda o renta fija, bonos o papel comercial, porque los beneficios o el valor que generan superan los gastos materiales e inmateriales, como fruto de una mayor diversificación de sus fondeadores y mejores términos con los mismos, la no necesaria inmovilización de activos para hipotecas o prendas, del prestigio ante socios, clientes y proveedores, así como por el atractivo que ofrece el costo financiero.

El proceso de emisión y colocación de valores en la bolsa involucra costos de diversa naturaleza, los cuales pueden variar en función de la compañía emisora, el monto de la emisión, y que se puede verificar a través de una simple matemática.

El elemento de costo más importante lo constituye el interés que el emisor paga a sus inversionistas por los fondos invertidos. En enero 2013 las empresas emisoras en bolsa levantaron fondos pagando un interés del 7%, en dólares. Para efectos de nuestros cálculos tomaré esa tasa como referencia.

Sin embargo, esta tasa puede ser inferior o ligeramente superior en función del atractivo que represente el emisor. En ese mismo mes, el Banco Central de Nicaragua levantó fondos a un año plazo al 1.43% en promedio, en córdobas con mantenimiento de valor, y los instrumentos de deuda pública a plazos de tres hasta 15 años rindieron en promedio un 7.50%, también en moneda nacional indexada al dólar.

Además del interés las empresas deben asumir otros costos financieros marginales, propios a las emisiones en bolsa. El más relevante son las comisiones para la Bolsa y los Puestos de Bolsa. Para instrumentos a un año plazo, las comisiones son del 1.3%.

Adicionalmente, el emisor debe pagar una calificación de riesgo para que los inversionistas puedan identificar de una forma sencilla el riesgo de la inversión. Para una emisión de tamaño mediano, o de cuatro millones de dólares, este costo puede representar aproximadamente un 0.30%. El emisor debe también contemplar el pago de honorarios por estructuración y manejo por parte de un Puesto de Bolsa que lo represente en el mercado y que puede representar un 0.25% anual, así como también ciertos gastos menores de inscripción en la Bolsa, la Superintendencia que representan alrededor de 0.05%.

Si se suman estos costos obtenemos un costo financiero total del 8.90% para un programa de emisiones de bonos a un año plazo. Si el programa incluye un 50% de emisiones de papel comercial a 6 meses plazo, de forma revolvente, a un interés del 6% que es el promedio en el mercado actualmente, el costo financiero del programa total se reduce a 8.50%, en dólares.

Como un costo adicional u optativo se pudiera incorporar los gastos de publicidad. Estos son función de las estrategias de las empresas y muchos casos pueden considerarse un costo hundido en el sentido que simplemente se reorienta una campaña publicitaria ya existente.

Las empresas no temerosas de un “striptease” financiero e innovadoras tienen en las matemáticas de la Bolsa de Valores de Nicaragua una fuente potencial para generar valor y competitividad.

 

* Gerente General, Bolsa de Valores de Nicaragua