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El Primero de Marzo en el Colegio de Periodistas se realizó un conversatorio para hablar sobre los problemas que afrontan los periodistas dentro del marco de la comunicación social. En la lluvia y la diversidad de pareceres predominó el señalar al divisionismo como el quid de todos los males que atraviesa el gremio. Los criterios del grupo y de otros periodistas los podemos resumir así:

a) Aquellos que no ven ningún tipo de problema y consideran que nuestro periodismo se desarrolle campante dentro de un sistema normal y progresivo de globalización y competencia. Para ellos el único reto es el dominio de los nuevos aparatos que –afirman-, han venido a “democratizar” la información y abrir nuevas formas de trabajo. b) Periodistas que resienten la restricción a la publicidad tanto estatal como privada. “Eso atenta contra el derecho al trabajo, la libertad de expresión y propicia el venadeo y la competencia desleal. c) Los que dijeron que la libertad de conciencia y expresión se vulnera en el ámbito oficial, pero aún más en los mismos medios de comunicación cuyos dueños imponen su voluntad en todo lo que se refiere al quehacer de los periodistas. Son legítimos comerciantes de la información, que interpretan la noticia a su manera y provecho, obedientes a los grandes monopolios de la información mediática internacional.

Hubo quienes ven el problema bajo el punto de vista de la formación profesional –periodistas incapaces de escribir una carta–, y desde la proliferación de escuelas de periodismo sobre las que no existe un control sobre lo que ofrecen y lo que en verdad enseñan. La tendencia es hacer periodistas para el show mediático, comunicadores que hacen papel de payasos, prestos para practicar el periodismo amarillista de escarnio.

Todos, sin excepción, atribuyeron nuestros males a la falta de unidad gremial, al maniqueísmo político tradicional en que todavía se desenvuelve nuestra profesión, sumando a ello un creciente fundamentalismo religioso que violenta el laicismo del estado y la objetividad del quehacer periodístico.

Para muchos colegas veteranos un problema fundamental en el ejercicio del periodismo es la ausencia de ética. Algunos comunicadores jóvenes señalan que este valor está desfasado y fue bueno para el periodismo de antaño. “Hoy no puede exigirse la existencia de “santos éticos”.

No obstante, si a la ética profesional se le diera el sitial que merece dentro del ámbito periodístico, ya no tendrían razón de existir la nota roja ni el periodismo de escarnio, lo mismo ocurriría con el periodismo maniqueo, mentiroso, trivial y fundamentalista. La ética es el centro humano y humanista del periodismo, la que dice que no somos pirañas, ni lobos feroces contra nuestros semejantes.

Sin embargo, no obstante ser valiosa, a la ética se le ha tratado como un paria dentro de los valores periodísticos. Se mide con el mismo criterio que dice que la mejor ley sobre la libertad de expresión es aquella que no existe, e insistimos en que la ética debe ser voluntaria, eufemismo que nos coloca en la ley de la selva donde es permitido mentir, venadear, denigrar, injuriar, calumniar y, además, deformar el sentido humano y social del verdadero periodismo.

Al tomar en cuenta estos factores y otros que por razones de espacio no consignamos, diremos que los problemas del periodismo se deriva: a) Del desconocimiento, voluntario o por falta de formación, de la importancia fundamental que tiene el periodismo como transmisor de valores, educador y forjador del pueblo, b) Divisionismo político que nos incapacita para afrontar con éxito la solución integral de los problemas, d) Considerar que la libertad de expresión atañe a los periodistas y no a la totalidad del pueblo nicaragüense, e) Pensar que la ética es un valor anacrónico y, si todavía existe, funciona como un viejo adorno.

En realidad nos hemos acostumbrado, igual que los dueños de medios, a considerarnos como dioses de la libertad de conciencia y expresión desconociendo olímpicamente que es al pueblo a quien nos debemos y quien debe juzgar lo que hacemos.

Sería recomendable recoger todos estos pareceres, medirlos y evaluarlos y discutirlos en un congreso, asamblea o seminario que pueda propiciar el Colegio de Periodistas en el más corto plazo.

 

* Catedrático de periodismo