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A las 4:25 p.m., día cinco de marzo, dos de la tarde hora de Nicaragua, el planeta entero en especial los países de Latinoamérica, se vieron estremecidos por la noticia de la muerte de un gran dirigente revolucionario: el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías. Un cáncer terminal que se le detectó en junio 2011 terminó con la vida de este hombre joven, de origen humilde, que abrigó el sueño de forjar en su país una sociedad justa, igualitaria, a favor de los más pobres y poner un alto al injusto sistema capitalista que beneficia a unos pocos en perjuicio de las inmensas mayorías.

Hugo Chávez fue un hombre apreciado y querido por millones de venezolanos y latinoamericanos, por su lucha valiente y sin cuartel que encabezó contra lo peor del sistema capitalista. Quizá la estatura política de este dirigente haya sobrepasado el ícono que representó el legendario guerrillero argentino Ernesto el “Che Guevara, por cuanto durante los catorce años que tuvo el poder político, creó la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), impulsó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), ya que el dirigente venezolano estaba claro que solo con la unidad sería posible enfrentar a los imperios norteamericano y europeo.

Obviamente también había minorías en Venezuela y otros países le tenían a Hugo Chávez un profundo odio, por su posición ideológica y política, por promover un cambio de sistema socio-económico, por combatir al gran capital, por declararse enemigo irreconciliable del imperio norteamericano, amigo de Fidel Castro, del pueblo cubano y pueblos del mundo que luchan por emanciparse de la hegemonía de dominación que ejercen las naciones representativas del gran capital.

Hoy los furibundos enemigos de Hugo Chávez, en una uña brincan de alegría por la muerte del dirigente bolivariano; en su mente creen que con la desaparición física del líder revolucionario el proyecto de Socialismo del siglo XXI, automáticamente desaparecerá en Venezuela y en el resto de países de la región latinoamericana. Mas los metafísicos de la historia, que se oponen al progreso, a los cambios, no han aprendido la lección que las transformaciones sociales en la sociedad son procesos imparables; no dependen de la voluntad de un hombre en particular; el motor de la historia son los pueblos, éstos paren los relevos generacionales.

Así como en un momento de la historia hubo un Simón Bolívar, José Martí, Augusto C. Sandino, Carlos Fonseca, Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa; de la misma manera surgirán más y más dirigentes dispuestos a darlo todo por ver cristalizadas las aspiraciones de libertad de sus pueblos.

Así como muchos dirigentes revolucionarios en la década de los años sesenta del siglo XX, se vieron inspirados en el ejemplo del Che Guevara, para luchar y enfrentar a feroces dictaduras militares paridas y alimentadas por el imperio norteamericano, logrando derrotarlas y expulsarlas para siempre, restituyendo la libertad y la democracia en suelo latinoamericano; del mismo modo la actuales generaciones deberán inspirarse, para los retos que depara el futuro, en el legado y ejemplo que dejó el dirigente revolucionario venezolano.

La mejor manera de rendir tributo a su memoria, es fortaleciendo la unidad de los pueblos, la solidaridad, continuar las batallas hasta hacer realidad la gran patria de los pueblos latinoamericanos, tal como lo soñó Simón Bolívar, Augusto C. Sandino y el fallecido Hugo Chávez. Sólo así nuestros pueblos serán verdaderamente libres de la dominación imperialista.

 

* Abogado y Notario