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Cuando un señor mayor, probablemente de los cerros, mira el féretro y dice eso…

A pesar de las críticas, las dudas, las sospechas, las burlas, las denuncias; a pesar de la crisis económica que afecta tanto a Venezuela como a otros países del ALBA y su epidemia de violencia que supera a la de un país en conflicto. A pesar de todo…

Cuando la gente en Venezuela cree que es Hugo Chávez el que les manda los médicos donde antes pasaban meses sin atención sanitaria…

Cuando la gente en Nicaragua cree que es gracias a Daniel y a su esposa que podrían obtener desde títulos de propiedad a láminas de cinc, como nunca antes con ningún gobierno…

Cuando la gente en Ecuador observa que ya no son los apellidos de siempre los que ostentan ahora el poder en el país, y el sector privado tiene que someterse a veces al poder político elegido en las urnas.

Cuando la gente en Bolivia cree que la historia les hace justicia cuando un hijo del pueblo indígena ostenta la presidencia; cuando la gente cree que Evo Morales nacionaliza empresas para dárselas al pueblo…

Cuando la gente espera que Chávez vuelva desde Cuba como un redentor; cuando la gente dice (lo acabo de escuchar en la retransmisión en vivo de Telesur) que Chávez murió por cada uno de nosotros, como Cristo, y está en el aire, en el agua de toda América…

Cuando la gente cree que por fin le está viendo el color al dinero del petróleo, porque se pavimentan algunas calles, o porque los colegios y hospitales vuelven a ser gratuitos, y las misiones sociales congregan a miles de beneficiarios...

Cuando la gente contempla que el sector privado critica con la boca a su gobierno, pero se entiende en los negocios con ese mismo gobierno…

Cuando la gente recuerda los años y elecciones anteriores, y considera que lo único que ha habido ha sido la continuación de la misma pobreza, pero ahora con la esperanza de alguna regalía o beneficio…

Cuando la gente cree que los órganos de participación ciudadana son realmente la aplicación de un verdadero gobierno del pueblo…

Cuando la gente observa que un país como Venezuela, aún con todo su poderío económico, nunca antes figuró en el mapa del mundo político y económico como hasta ahora…

Cuando los padres creen que los títulos de Educación Primaria, Secundaria o Universitaria que sus hijos adquieren les garantiza una formación digna para un mejor desarrollo, y no que su Educación sea un engaño de ínfima calidad…

Cuando la gente mira, escucha y cree todo eso (también ayudado por la millonaria máquina propagandística de los gobiernos del ALBA), entonces ni las decenas de informaciones sobre la falta de transparencia, ni las sospechas de corrupción hacen mella en su creencia (al menos a corto o medio plazo).

No hay manera de que el respeto institucional a las leyes y a la democracia sean argumentos superiores que derroten en las urnas a los argumentos (falsos o verdaderos) de los médicos gratis, techos de cinc, calles para el pueblo, piñatas, colegios gratuitos.

No hay manera de contrarrestar, ni política ni teológicamente, el efecto de cuando una parte de la población cree en un presidente cuasi nombrado por Dios o que muere como Cristo, al igual que ese cuerpo entregado al pueblo de Caracas y enterrado junto al Libertador.

Cualquier alternativa a estos poderes inmensos (como casi nunca antes se habían formado en la región) debe encontrar su lugar en el corazón de la gente. Es decir, en su fe en la capacidad y el derecho a un desarrollo más digno que no dependa ya de la caridad de un líder mesiánico de los de siempre (y para colmo con grado militar). Un camino más largo, ingrato a veces, más oscuro, más personal. Y no se va a conseguir al sustituir a unos líderes por otros.

Al final, siempre ocurre: llega un momento en que la gente, hastiada o convencida, sencillamente cambia de opinión y de esperanza. De momento, es difícil e inútil contra argumentar las razones que provienen del sentido de identidad y pertenencia (que desgraciadamente tanto nos hemos empeñado en inculcar desde pequeños).

Imposible decir nada, cuando un señor mayor, con barba recia y de apariencia muy pobre, proclama con dolor ante el paso del féretro de su comandante: “se murió uno de los nuestros, hombre”.

 

sanchomas@gmail.com