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La sumisión femenina al servicio del hombre es cuento del pasado, aun cuando la tradición apostólica impone la “cabeza del hogar” que se enseñoreará de ella, siendo su voluntad “la de su marido”, etc., cuya idea genésica siempre ha engañado al mundo para favorecer al Poder, pero que cae por su propio peso al permitir la desigualdad y discriminación por géneros.

Semejante concepción, solo entendida por un antiguo, hoy ha expirado desde los más vigorosos signos de ánimo y movimiento que forjó la civilización, que al final cedería  a las conquistas femeninas; porque la transición de ese episodio hacia el Neomatriarcado es más que evidente y se está completando aceleradamente.

Las nuevas circunstancias económico sociales, las transformaciones de códigos éticos, cambios de hábitos y costumbres propiciados por el desarrollo tecnológico, la transculturación, etc., han permitido la independencia de la mujer desde el seno mismo del hogar y en la sociedad donde otrora impuso su yugo el varón; alcanzando incluso el poder en muchos países y campos de acción.

La mujer se vale por sí misma, por antonomasia, ahora que los ideales que la sometieron van desapareciendo, emancipándose para demostrarlo, ya sea por su naturaleza maternal o por ansias de un reconocimiento del que siempre la han privado. De manera que la función de la mujer reducida a mero instrumento del varón, cosa o pieza principal en el hogar, se ha roto desde la coyuntura misma de la desigualdad por géneros, pasando del encierro y la marginación, al dinamismo social y el desarrollo.

La liberación femenina ha herido letalmente al machismo, tanto que el hombre es relegado al segundo plano en sus deberes y obligaciones de fuerza viril.

La liberación femenina da al traste con muchos conceptos atrasados, dejando atrás una etapa de la historia. Echa por la borda al matrimonio como base de la familia en todos sus aspectos; acaba con la monogamia permitiendo la legalización de otras formas de unión (poliandria, poligamia, unión libre y en grupos...) vislumbra el fin del patriarcado y de la familia, para originar nuevas formas de convivencia bajo normas, códigos éticos y leyes modernas.

Por siglos se ha llamado astucia a la inteligencia de la mujer expresada en muy peculiares actos, para tratar de negar sus vastas capacidades. Al no poder desarrollar libremente sus atributos o facultades intelectivas por la opresión de su época que la reducía a aparato reproductor u otras frívolas funciones, la mujer siempre ha dejado muestras que reflejaban en parte sus habilidades ocultas y reprimidas, ya sea de manera abierta u osada, exponiéndose a las ordalías o castigos que infligían los parámetros del patriarcado, o de manera clandestina para alcanzar sus propósitos dentro de un contexto adverso y hostil.

Esas mujeres temerarias o anónimas nos legaron hechos y prodigios en distintos campos del conocimiento, aparte de la sagacidad de sus atributos naturales como la venganza, la seducción, la ambición, la defensa patria, la guerra… usando sus mejores armas, anzuelos y estratagemas.  

La mujer se manifestó mitológicamente en la personificación del bien o del mal, de la belleza y la divinidad, del sentimiento tierno o la crueldad de las Amazonas, las Walkirias, brujas de aquelarres, hechiceras, diosas griegas-romanas... siendo objeto de veneración y asombro, pero también de castigo por conferírseles un origen diabólico o del más allá;  por lo que tenían que asumir las consecuencias, o quedar en el anonimato. ¿Cuántos portentos no se perdieron acaso desde Hypatia hasta Marie Curie? Fueron muy conocidas las mujeres que con sus obras literarias causaron revuelo o admiración, usando a veces seudónimos que quizá superaron en su tiempo a grandes autores.

También hubo mujeres de altos sentimientos nacionalistas en defensa de su patria, hasta el extremo de guerrear con fuerza y entereza masculina, aunque eso significara la muerte. Virtudes o uso de recursos y atributos naturales, propios de su capacidad innata para influir en el curso de los acontecimientos y  en cualquier ámbito (Safo, Lucrecia de Borja, Madame Récamier… Storni, Menchú, Thatcher, Monroe, Madonna, Bachelet, Merkel).

Ahora que no existen inhibiciones para la mujer, desde que inició a mediados del S. XX la lucha por su emancipación, hay una estela imborrable que refleja lo que pudieron haber realizado antes, lo que están haciendo hoy, y hasta dónde podrán llegar indefectiblemente. En ellas descansa la transición histórica de una etapa a otra que derribe todos los defectos e imperfecciones de antiguos sistemas, para dar origen a una nueva era, que comprobará al final la circunvalación infinita de la historia en devolución positiva o negativa.

 

mowhe1ni@yahoo.es