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Con motivo del Día del Periodista se difundieron algunos datos erráticos e incompletos que aquí se enmiendan. En la segunda etapa del llamado período de los Treinta Años, cuando los periódicos eran semanales y de seis, cuatro y dos páginas, surgió en Granada la empresa que financiaría la primera expresión del diarismo: El Diario de Nicaragua. Aparecido en dicha ciudad el primero de marzo de 1884 bajo la dirección de Anselmo H. Rivas y Rigoberto Cabezas, con la separación de este por razones políticas, se transformó a los cuatro meses en El Diario Nicaragüense. No sin las interrupciones de rigor, llegaría a editarse aun en la década de los 50 del siglo XX.

Cabezas, el de la iniciativa firmó el programa fundacional que no fue respetado porque, al final de cuentas, el primer diario representaría los intereses del conservatismo genuino denominado “El Cacho”. Así lo manifestó una hoja de León que excitaba a su vecindario negar su apoyo al diario granadino antes de su nacimiento. Cabezas proclamaba: “El Diario no será órgano de las aspiraciones mezquinas de ningún círculo: será el centinela avanzado de los intereses del país, los que defenderán contra toda tendencia a defraudarlo, cualquiera que sea la fuente de donde proceda. Así es que con gusto dará cabida en sus columnas a todas las opiniones… Hará justicia a todos los hombres que hagan el bien y cumplan con sus deberes públicos, cualquiera que sea el credo político que profesen… “El Diario será impecablemente enérgico contra toda idea o tendencia disociadora, y estará listo para designar a la condenación pública todo acto, toda doctrina que lleve en mira la desmoralización del país”.

Al servicio de los líderes políticos de Granada, Anselmo H. Rivas (1826-1904) había obtenido acciones de aquellos para establecer la empresa, sobre todo de los ex–presidentes Joaquín Zavala (1879-83) y Vicente Cuadra (1871-75); de manera que, al ser atacados ambos por Rigoberto en El Diario de Nicaragua, éste tuvo que interrumpirse y salir de nuevo con otro nombre. Enrique Guzmán, activo liberal entonces, refiere en su diario íntimo los detalles el 13 de junio de 1884.

Y así fue. Once días más tarde, el Diario reaparecía con su nuevo nombre. Rigoberto intentó fundar otro periódico que iba a ser de oposición al gobierno de Cárdenas. Guzmán se comprometió a dar la cuarta parte del valor de la imprenta y visitó, como liberal, al máximo líder de la fracción llamada Iglesiera, Manuel Urbina, opositor tanto al gobierno de Cárdenas como al Cacho; pero todo quedó en proyecto. El 9 de septiembre, Rigoberto y Guzmán salían expulsados por el gobierno de Adán Cárdenas del país, como frustrados conspiradores, a Guatemala.

Con todo, por su asociación para acometer con éxito la aventura del diarismo, Rivas y Cabezas han sido considerados con justicia fundadores del periodismo nacional. El primero, conservador y ecuánime; el segundo, liberal y exaltado. Mas ambos próceres. Don Anselmo, en el campo político e intelectual: como la más reflexiva mentalidad de los “Treinta Años” y Rigoberto, ante todo, en el político militar al ejecutar, secundado por otros, la Reincorporación de la Mosquita en 1894. Pero también Rigoberto se destacó por su producción dispersa en folletos, artículos y cartas que ya deberían estar compilados en volumen para ser apreciada por lo que es: la obra de uno de nuestros clásicos.

Lo mismo puede afirmarse de los incontables escritos de don Anselmo, cuya carrera periodística la inició en 1857 con la fundación de El Centro- Americano y la prosiguió, cuatro años más tarde, con La Unión Nacional de Nicaragua (1861) para reiniciarla con El Semanal Nicaragüense (1872-75) y, finalmente, con El Centroamericano (1880), semanario que, habiendo cesado en 1863, llegaría a transformarse en 1884 en el primer diario del país.