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El tema nos convoca para escribir varios artículos. La educación por naturaleza demanda calidad, en tanto la persona humana encuentra en ella la oportunidad de integralidad y completitud. Todos estamos llamados a vivir una vida plena y armónica en lo físico, psicológico, social y espiritual. Es por ello la educación, en su dimensión personal y social, un espacio de socialización, con un imperativo de calidad permanente e insaciable.

Son múltiples los aportes que diversos entes del país han formulado para mejorar la calidad de la educación, radiografiando su estado de salud, condición necesaria para mejorar su calidad. Tales propuestas aportan al diagnóstico y búsqueda de soluciones. Falta escucharlas y reflexionar conjuntamente, como país, sentando compromisos inquebrantables y decisiones que posibiliten mejorar la calidad con intensidad, firmeza y sostenibilidad.

Es impresionante la capacidad y experticia que posee el país con profesionales comprometidos con la educación y su calidad. Son amplios conocedores de la cultura y demandas sociales, y están dispuestos a seguir aportando estudios, investigación y compromiso educativos, para contribuir a la transformación que se requiere. Es necesario que tal riqueza sea, no sólo reconocida, sino aceptada y aprovechada. Como país no debemos olvidar esta gran lección: Nunca los modelos educativos e investigaciones importados, descontextualizados, sin compromiso alguno con el país, han dado frutos. El país es suficientemente maduro, con la autoestima y compromiso suficientes, para identificar fortalezas, debilidades, desafíos y retos de nuestra educación.

Una de las claves nos convoca a fortalecer la capacidad de niños y niñas de los tres primeros grados en las competencias de lectoescritura y matemáticas, asunto clave para el derrotero futuro de ellos y del país. Aquellos que no logran estos desempeños con la calidad requerida, son candidatos a abandonar la escuela, regresar al analfabetismo y repetir el círculo vicioso de la pobreza. La formación y capacitación docente, inicial y en servicio, demandan un esfuerzo de prioridad nacional. Se requiere una formación enrumbada con una nueva concepción y métodos que aporten al cambio efectivo. Es imperativo superar los índices de empirismo en el marco de un Plan Nacional de Formación.

Es importante que el país logre sistematizar los modelos pedagógicos que muchos docentes están aplicando, según los contextos complejos y duros en que les corresponde trabajar. Saber extraer estas experiencias de éxito para, a partir de ellas, construir el modelo pedagógico nacional, nos puede permitir superar la histórica copia de modelos externos, de corta vida y efectividad, agotados en su propia descontextualización. Esto requiere escuchar mucho más a los docentes, aprender de ellos, fortalecer su protagonismo pedagógico y la ilusión que necesitan.

Frecuentemente no se valora lo suficiente la relación humana y el clima psicosocial del centro educativo. Los mejores métodos, recursos e instalaciones fracasan cuando la relación humana entre dirección, docentes, alumnos y comunidad no son constructivas. Mejorar este campo de fuerzas intersubjetivas del centro educativo, constituye el mejor escenario modelizador de valores y calidad del aprendizaje. Diagnosticar la educación del país sin tomar el pulso a lo más humano, a la persona, distorsionaría profundamente la educación, mostrándonos un cuerpo sin alma.

La motivación educativa de directores y docentes y la vocación que les anime, representan el factor dinamizador por excelencia, motor de la calidad educativa. Dejar la calidad a merced de nuevas técnicas y equipos, sin la fuerza y dinamismo que proporciona esta vocación como llamado profesional, postraría a la educación en un escenario de esnobismos sin corazón.

Por ello, reencantar a los docentes y directores hace la diferencia de la calidad, constituyendo cada día, para los alumnos, modelos de valores y calidad. Rescatar y potenciar este espíritu y compromiso de muchos docentes y directores en el país, como factor multiplicador del cambio, ante la frustración y deterioro que muestran otros docentes ocasionales, puede contribuir a fermentar calidad desde los valores más genuinamente humanos.

Es clave alcanzar el reconocimiento salarial y socialmente justo del docente, proporcionarles recursos y medios necesarios para que puedan potencializar la calidad en la enseñanza y el aprendizaje. Es muy difícil para el maestro aplicar métodos más eficaces, cuando carece del instrumental y material mínimo indispensable. El factor de éxito más importante en la construcción de calidad es el docente, acompañado y estimulado, con su infinita fuerza, vitalidad y sentido educativo.

 

* IDEUCA