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El Partido Comunista de China (PCC) continúa a paso gradual, pero firme, en el camino del relevo generacional en la cumbre del poder, fijando a la vez las prioridades del desarrollo para el futuro dentro de un marco de institucionalización política y de consenso dentro de la élite.

Esta semana, el primer ministro saliente Wen Jiabao dio su último informe del Estado de la Nación ante la Asamblea Popular Nacional, el Parlamento, en el cual resumió los últimos 5 años de gestión y fijó los objetivos para 2013.

Según la prensa internacional, el informe de hora y media fue consultado, en sus puntos principales, con el equipo del nuevo secretario general del PCC –futuro presidente y futuro jefe de las Fuerzas Armadas–, Xi Jinping, y sus líneas fundamentales servirán de guía al trabajo del próximo jefe del Gobierno, el primer ministro en ciernes Li Keqiang.

En el plano económico, cabe destacar en el informe varios aspectos.

Debido a la crisis internacional, que ya hizo bajar a 7.8% el crecimiento chino en 2012 (el más bajo en un década, inferior al promedio de 10%), se estima un crecimiento razonable de 7.5% para el presente año, se prevé una inflación del 3.5% anual y una tasa de desempleo debajo de 4.6%, lo cual se debe lograr gracias a la creación de al menos 9 millones de empleos.

Otro asunto relevante que Wen destacó es la reorientación del modelo de crecimiento, pasando de las exportaciones como factor principal del aumento del PIB junto a las inversiones, al estímulo del consumo doméstico. Este cambio de modelo es estratégico y promete a los exportadores del todo el mundo nuevas, inmensas posibilidades de negocios.

Otras reforma importante mencionada son cambios al sistema de registro de residencia, o “hukou”, para abrir las puertas de una mayor urbanización, elemento necesario de toda economía desarrollada.

Wen ha prometido además mejor atención de salud, mayores medidas contra la alarmante degradación del medioambiente y más lucha contra la corrupción (una de las banderas que ya ha levantado Xi Jinping).

¿Qué nos indica todo esto? Si bien el modelo de los últimos 30 años ha producido un milagro económico, hizo del país la segunda economía mundial y sacó a cientos de millones de la pobreza extrema, ha creado también profundas desigualdades, una creciente brecha de ingresos entre ricos y pobres, entre el campo y la ciudad. Las expropiaciones forzosas de terrenos para la construcción de nuevas urbanizaciones y centros comerciales, junto a los abusos de poder y la corrupción de funcionarios locales, han llevado a miles de protestas (algunas masivas y muy violentas) y a un profundo malestar social. Son fuentes de constante conflictividad social y una bomba de tiempo que amenaza el monopolio del poder comunista.

Por ello, el liderazgo pekinés comprende que debe empujar estas reformas y paliar las desigualdades a través de la aplicación de un modelo de desarrollo distinto.

Por otro lado, los objetivos establecidos para el año en curso anticipan una creación de empleos a un nivel aceptable (de 7% a 8%) que neutralice un foco de inconformidad social, absorbiendo a los jóvenes que se incorporarán a la fuerza laboral.

En el plano político, la última comparecencia de Wen reafirma el proceso de institucionalización de las transiciones. Después de dos períodos (10 años), el dúo Hu Jintao-Wen Jiabao, deja pacíficamente los máximos puestos y los pasa a un nuevo equipo encabezado por Xi Jinping y Li Keqiang.

Cuando Xi y Li hayan asumido todos sus cargos (Xi aún debe tomar la Presidencia de la República Popular China y la jefatura de la Comisión de Asuntos Militares), se habrá completado el traspaso de la cuarta a la quinta generación de líderes (Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao son las cuatro generaciones precedentes). Por su parte, Li asumirá como primer ministro en unos diez días, al final de las sesiones de la Asamblea.

Esa transferencia de poder es la culminación de un proceso que ha sido bendecido por los acuerdos de todas las facciones del PCC, pues la política en China es hoy un asunto más de consenso entre las élites que del voluntarismo omnímodo de la época del gran timonel Mao. Ningún líder después de Mao y Deng ha gozado de una autoridad y preponderancia tan grandes.

Muchos de los aspectos de la evolución política y de las luchas internas continúan sin ver la luz pública. Sin embargo, la despedida de Wen y la esperada asunción de Li son buenos signos que provienen desde el gigante de Asia, cuya relevancia mundial crece cada vez más.

 

* Analista de asuntos Asia-Pacífico