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Recientemente falleció en Boaco don Heberto Incer Mora, el último Perito Agrónomo que quedaba de los graduados hace más de 70 años. En varias ocasiones conversé con las autoridades de la Universidad Nacional Agraria para rendirle un homenaje y en su persona, a los hombres que con una gran vocación y abnegación hicieron mucho por el desarrollo agropecuario de Nicaragua y cuya memoria se ha perdido, como muchos capítulos de nuestra historia.

Nació don Heberto en Boaco, el 7 de febrero de 1920. Estudió un año en el Instituto Ramírez Goyena de Managua, en 1938. Ingresó a la Escuela Nacional de Agricultura y Ganadería, en Chinandega. Obtuvo el título de Perito Agrónomo, experto en Veterinaria, en 1940. Fue destinado al Jardín Botánico de Masatepe. Para los que los que lo conocieron, deben recordar que era un centro de experimentación de árboles frutales, plantas ornamentales, variedades de café y cacao.

El Jardín Botánico era el paseo de los masatepinos, a donde se llevaba a los visitantes. Desde la entrada se sentía el olor de los cipreses que bordeaban el camino hasta llegar a las instalaciones en las que vivían los Peritos Agrónomos con sus familias. Allí formó su hogar don Heberto con su esposa, doña Aminta Moraga. Su hijo Heberto, nació en Masatepe. Mis padres, Remigio Sánchez Brenes y María Josefa Ramírez Pérez eran muy amigos del matrimonio. Tenía yo unos cinco años, cuando mi padre me llevaba en una vieja bicicleta Raleigh.

Desde niño aprendí a valorar la labor de los Peritos Agrónomos. Vivía allí también un sabio italiano, don Eneas Razzeto, amaba tanto a Masatepe que pidió ser sepultado en su cementerio. Es otro olvidado. Me parece que la Universidad Nacional Agraria, UNA, debe rescatar la historia, la memoria de los Peritos Agrónomos, su labor en el campo, la importancia que tuvo el Jardín Botánico de Masatepe, donde también se entrenaron a los primeros injertadores, como el caso de Benjamín Gutiérrez, un joven campesino que manejaba la navaja como un hábil cirujano.

Años después, en 1955, conocí en el Instituto Nacional Ramírez Goyena, a otro Perito Agrónomo, el profesor Miguel Ángel Pérez Bermúdez, a quien llamábamos cariñosamente “Chibolita”, por ser gordo y calvo. Nos daba lecciones de agricultura y zootecnia, conocimientos elementales para cultivar hortalizas, criar gallinas y conejos. Nos llevaba una revista titulada Tierra. En el patio de su casa, en la colonia que ahora lleva el nombre de su hijo Christian, tenía variedad de cultivos.

Los Peritos Agrónomos contribuyeron al desarrollo agropecuario de Nicaragua, cuando no había caminos de penetración, ni vehículos 4x4, parte del viaje era a caballo o en mula. Don Heberto, por ejemplo, se especializó en Honduras, en el cultivo del caucho y dirigió la siembra que se hizo en Kukra Hill. Preocupa la situación de las especies en proceso de extinción. Con el fallecimiento de don Heberto, se extinguen los Peritos Agrónomos que se formaron hace más de 70 años. Después de llevar una vida de intenso trabajo, con una ejemplar conducta, se mantenía en su casa de Boaco, donde varias veces lo visité.

Considero que la Universidad Nacional Agraria debe rescatar este capítulo de nuestra historia agropecuaria, la memoria de estos hombres que fueron pioneros en muchas investigaciones. Los primeros que llegaron a los sectores más humildes de nuestra población.

* Periodista e historiador.