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La Ley No. 779, Ley Integral Contra la Violencia hacia las Mujeres, publicada el 26 de enero de 2012, tiene la finalidad de “prevenir, sancionar y erradicar la violencia y prestar asistencia a las mujeres víctimas de violencia, impulsando cambios en los patrones socioculturales y patriarcales que sostienen las relaciones de poder” .

Sin embargo, en una sociedad acostumbrada a dar y recibir maltrato humano, no hay conciencia del impacto que tienen las diversas manifestaciones de violencia psicológica hacia la mujer, ya que desde que es niña, comienza a sufrir el acoso, piropos desagradables y hasta manoseos por parte de desconocidos, ni las embarazadas se escapan de estas formas de degradación.

La Ley No. 779 define la violencia psicológica como toda acción u omisión destinada a degradar acciones, comportamientos, decisiones y creencias de la mujer por medio de la intimidación, manipulación, coacción, comparaciones destructivas, vigilancia eventual o permanente, insultos, amenaza directa o indirecta, humillación, chantaje, hostigamiento o cualquier otra conducta que implique un perjuicio en la salud mental, la autodeterminación o su desarrollo personal.

Según el arto. 11 de esta ley, la violencia psicológica constituye un delito; el piropo vulgar se ha convertido en una de las mayores manifestaciones violencia psicológica hacia la mujer, por tanto, debe denunciarse, atenderse y castigarse.

Cuando una mujer se atreve a reclamar por esas ofensas, les dicen cosas más repugnantes aún, en vez de avergonzarse por su mal comportamiento. Es increíble que hasta autoridades religiosas, estatales y empresarios se prestan a este tipo de hechos degradantes.

El hecho de ir a la venta, al mercado, ir o regresar del trabajo o de la universidad no debe ser un martirio emocional. He visto que ya sea en moto, carro particular, taxi o hasta los mismos policías no desaprovechan la oportunidad para “piropear” a cuanta mujer ven, hasta en los buses se sufre del insulto y los roces premeditados. Para la mujer no queda más que tolerar, tolerar y seguir tolerando estos tipos de abusos.

El tabú de que estas conductas se dan por el hecho de cómo una mujer se vista o se arregle tiene que desaparecer. La mujer puede ser la más andrajosa y desaliñada o por el contrario, ser la más pulcra con la falda hasta el tobillo y usando mangas largas, pero el morbo en los hombres es el mismo. Tampoco hay que tolerar más la excusa de que actúan de esta manera por el simple hecho de que son hombres y que por su instinto actúan así; la mujer y el hombre son seres que usan el raciocinio al actuar. Pisotear a una mujer no hace más hombre a nadie, sino más inhumano cada día.

Los hombres aprenden a irrespetar desde pequeños, a lo largo de los años con palabras despectivas o burlas, por lo general haciendo piropos enmarcando los dotes físicos para “enamorar” a las féminas, mientras que las mujeres aprenden a soportar los actos de humillación, acoso, amenaza y chantaje. Las mujeres tienen la capacidad y la obligación de hacer valer sus derechos como sujetos de derechos que son, y exigir su pleno cumplimiento a las autoridades correspondientes y al sistema del patriarcado en general.

Para que la mujer pueda disfrutar de una vida plena, así como del reconocimiento y ejercicio de sus derechos es necesario sensibilizar, capacitar a los distintos miembros de la sociedad, denunciando y rompiendo el silencio cómplice; educando a hijas e hijos con una mentalidad sana, fomentando el respeto mutuo entre hombres y mujeres desde la familia y ampliando la información a las mujeres sobre sus derechos, promoviendo la incorporación de la perspectiva de género en el ámbito de la administración de justicia.

Antes de piropear, manosear o amenazar a una mujer, el hombre debe ser consciente que puede que su madre, esposa, hija, tía, madrina o hermana sea víctima de tales actos, lo cual no debe permitirse más. Será hasta que el hombre se sensibilice y razone sobre el daño psicológico que puede causar, que la mujer podrá respirar paz en las calles de este bello país.

 

* Comunicadora social