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No tengo mayor autoridad para hablar de estas cosas que el sentido común y el afán de mejorar, si fuera posible, la vida diaria de los que conducimos por calles y carreteras. Saltará a vista lo obvio pero lo necesario de repetir lo que muchos vemos y sabemos.

Primera reflexión. Managua ha sobrepasado su capacidad de soportar el volumen de vehículos que circulan diariamente. Una primera señal nos está dando un trecho de la carretera Managua Masaya. En caso de un desastre natural, el caos sería tan fatal como el desastre mismo. La ruta de circunvalación externa diseñada hace 40 años, nunca se realizó. La cantidad de nuevos vehículos que entran en circulación hace predecible esa catástrofe motorizada. Ojalá que las nuevas obras de ampliación ayuden a disminuir el peligro.

Segunda reflexión: Los multadores, con los que nos topamos frecuentemente en la ciudad, son un factor poco relevante en la prevención de accidentes si tomamos en cuenta lo siguiente: El “delito” más perseguido por los multadores, es la llamada mala maniobra o sea invasión de carril al momento de doblar. Los que hemos estado en Europa o Estados Unidos, sabemos que es una infracción poco monitoreada. Sin embargo, el mal estacionamiento es fuertemente sancionado allá y aquí es tolerado a vista y paciencia de policías. Por supuesto que es más “chiche” tratar de multar al que se sale de la raya que al que está mal estacionado. A esta irrelevancia hay que agregar el malestar recurrente, que causa a los conductores, de tantos policías para un objetivo de tan discutible importancia, además de una muy frecuente tentación para la mordida y una mala imagen para la institución.

Tercera reflexión: Los taxis. En otros países la gente busca un taxi. Aquí a la inversa, el taxi busca a la gente. El taxista sale de cacería y compite por levantar al pasajero aparcándose de pronto y sin cuidado en cualquier lugar. La lógica nos indicaría que es más caro para el taxista y más peligroso para la gente este sistema. Lo aconsejable sería que haya taxis de parada y taxis de llamada. Taxis de parada, sistema que ya usa el aeropuerto con mucha seguridad y menos costo de combustible. Taxis de llamada, ahora que el uso masivo del celular que tiene a la mano la vendedora de frutas y el jardinero hace de este un medio práctico de solicitar el servicio.

Cuarta reflexión: Las mantas. Han proliferado de tal manera, que la ciudad ha perdido su paisaje natural en la maraña de telas colgantes que quedan aun cuando el evento que anuncian pasó semanas atrás y finalmente se rompe por la inclemencia del tiempo, deja su rastro en las hilachas de las cuerdas que “adornan” gran parte de los postes de teléfono o electricidad, convirtiendo Managua y otras ciudades en selvas de hilachas. Se necesitaría una brigada de deshilachadores para devolver al poste la apariencia original. Sin embargo lo más grave son las, cada vez más frecuentes, mantas frente a los semáforos que impiden la visión desde cierta distancia de la luz verde o la roja, con grave peligro de accidentes.

Quinta reflexión: Los baches. No recuerdo haber visto tantos hoyos en las calles de Managua como ahora. Aunque no es problema de la policía, esto hace que tengamos que estar esquivando los cráteres con riesgo de accidentes y daño a vehículos.

Estas breves reflexiones pueden ayudar a las autoridades a mejorar sus sistemas, a tratar de prevenir lo impredecible y aprovechar el recurso humano en un mejor servicio a la población.

 

* Escritor y docente. Ex vicerrector de la Universidad Centroamericana