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El 8 de marzo se presentó en un bar cultural de Managua un video titulado “Los caminos del Feminismo Nicaragüense”, y recuerdo una frase que provocó diversas reacciones espontáneas como risas, ¡ajá! “Es cierto”. Una de las 24 feministas entrevistadas expresó: El feminismo sale de la clandestinidad cuando el FSLN pierde las elecciones, que es cuando las mujeres les perdimos el miedo al FSLN.

Frase a mi parecer representativa de la relación compleja entre organizaciones de mujeres y el FSLN desde la época de la revolución (década de los 80), que estuvo marcada en principio por la histórica desigualdad en las relaciones entre hombres/mujeres, modelos de masculinidad autoritarios y un contexto social violento. Recoge el proceso de mujeres que apostaron a una revolución que evidenció que las masculinidades revolucionarias no tenían la intención de renunciar a los beneficios/privilegios del machismo como sistema de identidad y de poder.

En el libro de Margaret Randall “Las hijas de Sandino” se encuentran historias de mujeres, ricas en experiencia y análisis de lo que en la insurrección y revolución ocurrió, tanto del ámbito político como de las relaciones sociales; particularmente entre hombres y mujeres. Aporta a una historia desde las voces subordinadas por la versión oficial de una revolución que se alzó a través del tiempo como masculina/machista y heterosexual.

Una evidente centralización del poder en la figura de “los comandantes” caracterizada por un fuerte estilo autoritario, impositivo, receloso a la crítica y autodefinido como dueño de un proyecto revolucionario que radicaba a como lo diría Sergio Ramírez, en la santidad de los muertos “que nunca mueren”; ensalzando la figura del hombre, quien es el muerto, el héroe, el guerrillero, el revolucionario, el mártir.

Las mujeres en estos discursos de poder autoritario y santidad en los que se asienta parte de la revolución, son definidas desde la voz oficial de la revolución como apoyo, pero en ningún momento se les permite ocupar cargos altos dentro de la jerarquía del proyecto revolucionario, menos si no acatan la ética masculina revolucionaria.

La transición de movimiento revolucionario a partido político no solo caló en la ética construida en la insurrección, basada en el sacrificio, en la muerte como tarea a cumplir y la no acumulación de riquezas; sino que también debilitó las posibilidades de una transformación profunda.

Las mujeres fueron ubicadas en cargos que las posicionaban como subordinadas a las decisiones de un grupo de hombres con exceso de autoritarismo; autoinvestidos por el sacrificio de los muertos. Las que participaron desde “adentro de la revolución”, en la estructura se vieron limitadas por los códigos de lealtad de la militancia, aquellas que se posicionaron críticamente ante las incoherencias y debilidades de la estructura y las decisiones tomadas, eran movidas de las instituciones o ministerios por ser “problemáticas” o de “mal carácter”.

La etiqueta de problemáticas siempre ha acompañado a las mujeres cuando cuestionan los sistemas autoritarios, el carácter impositivo del modelo machista y el patriarcado, que lamentablemente la revolución no cambió. Lo que sí posibilitó la revolución fue que las mujeres se encontraran para discutir aquello que les afectaba como colectivo. Les permitió verse a sí mismas en un proyecto más amplio y reconocer la urgencia de cambiar todo aquello que afectaba la vida de la gente. La vida de las mujeres siempre ha sido afectada y relegada por los sistemas políticos, sean dictaduras, gobiernos de derecha/izquierda.

Las mujeres que hoy vemos como protagonistas de la historia del movimiento feminista, vienen de esa época y algunas expresan: “Decidimos no seguir siendo un apéndice del FSLN”. El FSLN no es dueño de la revolución; la revolución se logró porque en un principio se trató de alianzas interclasistas, intersectoriales y un frente amplio. En el transcurso de la revolución misma, las mujeres se fueron dando cuenta que sus intereses siempre estarían subordinados a los intereses del partido, que era lo mismo que decir a los intereses de los hombres del partido. Esta situación no ha cambiado por más maquillaje que se le ponga al funcionamiento y al manejo del poder.

Las mujeres nicaragüenses, las feministas nicaragüenses, aportaron/aportan a la ampliación de ciudadanías de las mujeres, a las luchas por los derechos humanos, en relación a una misma como sujeto político y no como mero complemento de los hombres. Es importante reconocer estos aportes; reconocerlos y evidenciarlos.

 

* Antropóloga social