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En una de mis lecturas me encontré con el término de ética indolora refiriéndose a la gente que exige derechos pero que, no les duele ni se preocupa de asumir sus responsabilidades. Les vale.

Frente a la ética indolora importa la idea de que para exigir un derecho debe uno exigirse su correspondiente responsabilidad. Dicho de otra forma, nunca reclames un derecho que no estés dispuesto a asumir, tu cuota de responsabilidad. Principio, perfectamente aplicable, por ejemplo al cuido de la basura, a la limpieza personal y comunitaria.

Estas afirmaciones se sustentan en la ética de Kant quien debe mucha importancia a la interioridad de cada persona, actitud esta de mucha actualidad en la que parece que se está perdiendo la capacidad de reflexionar y con ella la capacidad de hacer, como decían los estoicos, examen de conciencia, es decir de encontrarnos con nuestro interior, pensar en la propia vida, y de preocuparnos por una vida sana, saludable, agradable, alegre, siempre compartida.

Es opinión común que la autoestima es un gran valor, es uno de los bienes básicos que toda persona deseara tener para decir siempre un sí a la vida.

Sin autoestima una persona apenas tiene fuerzas para enfrentar los retos vitales, para proyectar, para crear. Fomentar la autoestima responsable, no la de sentirse superior a los demás, es una clave imprescindible para sentir satisfacción en la vida, para vivir bien psicológica y emocionalmente y contagiar esa satisfacción, socializarla.

El ser humano deviene persona cuando se encuentra y se relaciona con otras personas por su naturaleza esencialmente comunicativa y social. A diferencia de los animales, ya lo dijo Aristóteles, que sólo tienen voz, sonidos, para expresar el placer y el dolor, los hombres somos sociales porque también tenemos el logos, la palabra, y es la palabra la que nos sirve para deliberar y compartir, para participar en la vida de la comunidad, del barrio, asumir tareas conjuntas para el bien común.

La comunidad doméstica, la comunidad vecinal, la comunidad educativa, la comunidad política, son el conjunto de personas con las que deliberamos y compartimos el bien vivir de todos. Reforzar los vínculos familiares es central para cada ser humano y sobre todo para los niños y los mayores de edad que son los grupos más débiles. La familia responsable es su gran muro de protección, la familia es fuente de seguridad y de bienestar. Ella activa la vida de la comunidad, el perfecto vivir con…

De ahí la necesidad de reforzar el vínculo que nos une. Recordemos que los seres humanos llegamos a reconocernos como personas, porque otras nos reconocen como tales. Al fin y al cabo el niño sabe que es una persona porque sus padres, sus maestros, sus amigos lo reconocen como persona.

La característica de nuestra realidad de persona es el reconocimiento recíproco de sujetos, la intersubjetividad porque, según Hegel, la categoría básica de la sociedad no es el individuo, sino sujetos que se reconocen como personas que ya están vinculados entre sí.

Aprender a degustar los vínculos que nos unen, es entrar en el camino de una ciudadanía proactiva, capaz de construir su autonomía en solidaridad con los que son sus iguales.

Todo lo que conduzca al bienestar compartido de la persona, a vivir bien, es un propósito de gran valor, es un reclamo que sentimos todos, pero hacerlo efectivo significa educar y educarnos mutuamente.

Por eso el proceso educativo de cada persona se abre al amplio horizonte de tantas visiones, métodos, formas, facilidades, imitaciones, creaciones, etc. La educación es la filosofía de la vida compartida en la que todos somos educadores, transmisores de presencia y valores y todos somos sujetos de aprendizajes, de aprender y comprender a vivir juntos, a ser humanos juntos, compartir juntos, a amarnos juntos y a ser felices juntos en el maravilloso mundo de la vida. Todo proceso educativo de un pueblo entraña una filosofía de la vida compartida.

 

* Ph.D. IDEUCA