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Éste es el segundo artículo de una serie en la que sintetizo el libro “Breve Historia del Cerebro, de Julio González Álvarez.

Berger determinó que el cerebro produce ondas eléctricas que son lentas y amplias en un estado relajado, y rápidas y cortas en un estado activo. Adrian las clasificó en cinco tipos: alfa (reposo, ojos cerrados), beta (cerebro activo y atento), gamma (alta concentración), delta (sueño profundo sin soñar; bebés) y theta (niños en estado de somnolencia). Esto impulsó el desarrollo de la electroencefalografía (EEG).

Loewi descubrió que hay una transmisión química de los mensajes en los nervios. Se originó la guerra de “las sopas y las chispas” entre quienes creían que la transmisión era química y los que pensaban que era eléctrica. Hoy se sabe que, aunque existe la transmisión eléctrica, la mediación química de ciertas sustancias (neurotransmisores) es el principio general de los enlaces del cerebro y el sistema nervioso.

Los axones son filamentos de la neurona de donde salen los “disparos” hacia las dentritas, que son los filamentos de la otra neurona, que reciben dichos disparos. Palade y Palay encontraron pequeñas vesículas en los axones que acumulan y liberan los neurotransmisores en el espacio sináptico. Los neurotransmisores excitan o inhiben la tasa de los disparos neuronales. En las dentritas hay minúsculos “parches” que actúan como receptores bioquímicos de los neurotransmisores. Estos parches se combinan con las moléculas de los neurotransmisores; muchas drogas usurpan la función del neurotransmisor natural. Hoy se conoce cerca de cien neurotransmisores (endorfina, dopamina, serotonina, etc.).

Marshal determinó que cada parte del cuerpo está representada sistemáticamente en la corteza cerebral formando un mapa neural; dicho mapa no es proporcional a la superficie corporal ya que a los dedos, por ejemplo, les corresponde en la corteza un área proporcionalmente enorme comparada con la de la espalda. Penfield realizó mapas neurales precisos que representan el cuerpo en la corteza cerebral.

Aunque se conocía que la información de entrada al cerebro se representa de modo organizado en su corteza, no se sabía lo que hace después el cerebro con esa información. El tacto, por ejemplo, diferencia entre una presión intensa y el roce de una pluma. Hubel, Wiesel y Mountcastle descubrieron que las neuronas que procesan cada modalidad están alineadas de manera vertical, y separadas de las correspondientes a otras modalidades. Estas “columnas” de neuronas atraviesan la corteza, conocida como “materia gris”, y llegan a la “materia blanca” que está debajo. El cerebro separa las distintas modalidades, las trabaja por separado y las vuelve a integrar siguiendo “sus propias reglas”. Esto implica que la representación mental no es una fotocopia del mundo exterior y que la sensación es una abstracción del mundo real, no su réplica. Este descubrimiento tiene implicaciones filosóficas.

Sperry descubrió que los hemisferios cerebrales tienen funciones especializadas. El izquierdo es más verbal, analítico, racional y lógico; el derecho más holístico, emocional, impulsivo y artístico y maneja mejor las relaciones espaciales y geométricas. Sin embargo, no se trata de una relación del tipo “todo o nada” ya que ambos hemisferios participan en los procesos de manera integrada.

Kandel determinó que los procesos mentales son básicamente los mismos en animales muy distanciados en la escala evolutiva. Los procesos mentales humanos no son únicos; hay muy pocas proteínas específicas del cerebro humano y ningún sistema de señales es exclusivamente suyo. Todo lo viviente está compuesto por los mismos elementos, incluso el sustrato de nuestros pensamientos y nuestros recuerdos. La selección natural no actúa como un ingeniero diseñando con un plan desde el inicio; nunca produce innovaciones a partir de cero; trabaja con lo que ya existe modificándolo levemente, poco a poco.

 

* Ingeniero y músico