Jorge Eduardo Arellano
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SHANGAI
La última superpotencia rival de los Estados Unidos, la Unión Soviética, se colapsó en 1991. Pero, aparte de su fuerza militar, la URSS realmente nunca fue tan poderosa como para ser un contrapeso de la influencia estadounidense. A finales de la década de los ochenta, parecía que Japón podría desafiar el liderazgo industrial de los Estados Unidos, pero para los años noventa había perdido su ventaja competitiva. China quisiera ser una fuerza central en un mundo multipolar, pero se lo ha impedido su falta de fortaleza general. Ante esta realidad, China ve en la Unión Europea, que se expande cada vez más, un posible contrapeso del poder irrestricto de los Estados Unidos.

En lo que respecta a la producción económica, la UE actualmente se encuentra a la par con los Estados Unidos. Pero todavía tiene que crear un sistema de defensa fuerte que pueda responder efectivamente tanto a las contingencias regionales como a las necesidades mundiales. ¿Cuál sería la fuerza de un sistema como ése cuando se desarrolle, si es que se desarrolla? ¿Cómo se comparará con el de los Estados Unidos?
Al evaluar la fuerza de los Estados Unidos, China sigue con gran interés los debates estadounidenses sobre los méritos de un sistema unipolar o uno multipolar. Algunos estadounidenses están a favor de un sistema unipolar en el que los Estados Unidos dominen. Al país le costaría menos sostener tal Pax Americana, pero el mundo se preocuparía si los Estados Unidos adoptaran una política equivocada como ha sido el caso en Iraq.

Ciertamente, los Estados Unidos tienen el derecho de frenar a terroristas como los que montaron el ataque del 11 de septiembre de 2001. Pero “the war on terror” (“la guerra contra el terrorismo”) no justificaba la decisión de atacar un Estado soberano y derrocar a su gobierno con la presunción errónea de que tenía armas de destrucción masiva y estaba relacionado con los ataques de 2001.

Los Estados Unidos emprendieron esa guerra con la oposición de Francia, Alemania, Rusia, China y otros miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Desde entonces, Francia y Alemania han intentado restaurar las relaciones con los Estados Unidos aunque siguen desaprobando la guerra. El Medio Oriente, región que siempre preocupa a Europa, se ha vuelto aún menos estable como resultado de la guerra. El liderazgo estadounidense ha sido una de las víctimas de la guerra.

Por lo tanto, en China el concepto de defensa europea independiente --plasmado en la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD), así como en la Fuerza de Reacción Rápida de la UE y en varias misiones policíacas-- se considera generalmente como indispensable y efectivo en un sistema mundial multipolar. China observa que en la mayoría de las cuestiones relacionadas con la seguridad, la PESD seguirá (por ahora) los intereses de seguridad estadounidenses, porque los Estados Unidos y la UE comparten valores fundamentales de derechos humanos y democracia. Además, muchos miembros de la UE han comprometido sus capacidades de defensa a la OTAN, que ha estado dirigida por los Estados Unidos desde su creación.

Sin embargo, una vez que la PESD esté plenamente desarrollada, no necesariamente se plegará de manera incondicional a la dirección de los Estados Unidos, sobre todo si la política estadounidense se sigue apartando de las normas del derecho internacional, como en el caso de Iraq. Es probable que,
como resultado de la obtención de una capacidad de defensa paneuropea, los europeos desempeñen un papel más independiente que el que tienen hoy en el manejo de las relaciones de seguridad intraeuropeas y la realización de misiones globales.

China ve con buenos ojos esta función de seguridad ampliada de la UE. Aunque sigue recelosa de las intervenciones internacionales de la UE, es probable que la sustancia y el patrón de las operaciones en el marco de la PESD se ganen el respeto de China por diversos motivos. En primer lugar, los líderes chinos observan que la PESD da prioridad a la legitimidad de las misiones. Hasta ahora, todas las misiones en el marco de la PESD han respetado el derecho internacional y los acuerdos gubernamentales entre las partes de las disputas. La mayoría de sus misiones militares o policíacas se han basado en resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, y las misiones que se han realizado fuera de Europa han sido por invitación de las autoridades locales.

Por supuesto, las misiones de la PESD, incluso las que son acordes con las resoluciones del Consejo de Seguridad, pueden no funcionar en el sistema de la ONU --la UE prefiere tener su mando independiente--. La PESD no requiere necesariamente la autorización del Consejo de Seguridad como condición para sus misiones y conserva un papel independiente cuando las ejecuta. Sin embargo, cuando se le compara con los Estados Unidos, la PESD (a ojos de los chinos) da mucha mayor importancia a la legitimidad internacional apoyada por la autoridad de la ONU.

En segundo lugar, a la PESD le preocupa la buena gobernanza y la creación de instituciones. La UE está muy interesada en restablecer o establecer los derechos humanos, la estabilidad y la prosperidad. Fuera de Europa, la PESD actúa para mejorar la gobernanza, más que para promover el cambio de regímenes, y la UE ha apoyado con frecuencia los esfuerzos de los gobiernos para mejorar las condiciones de seguridad.

En tercer lugar, la PESD está abierta a la cooperación internacional. La UE trabaja con Estados que no son miembros, como Canadá, Noruega y Turquía, que son miembros de la OTAN, o con Estados que han solicitado ser miembros de la UE. La PESD coopera con la ONU y otras organizaciones regionales como la Unión Africana y la Asean. Cuando la UE participa, tiende a desempeñar una función de liderazgo en esas colaboraciones.

Hay buenas razones para esperar que China siga aceptando un mecanismo independiente de defensa europea. Hay poca preocupación de que la PESD intervenga en los asuntos internos de China, como Taiwan. En efecto, China quiere una Europa fuerte e independiente y, desde ese punto de vista, no es demasiado pronto para que China imagine un sistema global verdaderamente multipolar.

Dingli Shen es decano ejecutivo del Instituto de Estudios Internacionales y director del Centro de Estudios Americanos de la Universidad de Fudan, en Shangai.

Copyright: Project Syndicate/Europe’s World, 2008.

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