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Al iniciarse esta semana de recogimiento y reflexión, no he podido dejar de pensar en uno de los rostros más crueles de la situación que vivimos: más de 30 campesinos y pequeños productores, algunos de ellos menores de edad, abandonaron nuestro país, por veredas y puntos ciegos, para pedir asilo político en Honduras. Proceden del Triángulo Minero y de las profundidades de Matagalpa y Jinotega.

Obviamente, no es por razones socioeconómicas que han emigrado. En las zonas de las que proceden no carecen ni de trabajo ni de tierras para el cultivo y el pastoreo de su ganado. Y tampoco Honduras está, como Costa Rica, en condiciones de ofrecer mejores alternativas de trabajo. Han emigrado huyendo de la represión política. Sus testimonios son elocuentes: “En el país de nosotros hay una gran represión, la gente por eso está emigrando. Lo hace la Policía Nacional, lo hace el Ejército, lo hacen los CPC. La represión es por ser contrarios”, declaró uno de ellos. Otro, de tan solo 16 años de edad, Donald Noel Valdivia Fuentes, cuya familia vive en una comunidad de El Cua, Jinotega, y milita en el PLI dijo: “Me vine porque los CPC me andaban en la lista ya que me iban a matar y a toda mi familia porque somos de la derecha”.

Son, inequívocamente, perseguidos políticos. Pensamos que con el fin de la dictadura de los Somoza y la guerra civil de los 80, ningún nicaragüense tendría ¡jamás! que volver a exiliarse por razones políticas.

Todo empezó cuando esas comunidades, que respaldaron con entusiasmo y esperanza la candidatura de Fabio Gadea Mantilla por la Alianza PLI, se indignaron por el grosero fraude electoral en las elecciones de 2011 y jamás, jamás, como otros, aceptarán por válido y menos legítimo el exiguo 31% que el Consejo Supremo Electoral Orteguista asignó a Fabio.

Con Fabio, que recorrimos más de una vez esas comunidades, y conocimos de primera mano la sencillez y honestidad de esos productores y campesinos, y su profundo sentido democrático, nos sentimos indignados por la tragedia que enfrentan. Pero nuestra indignación la vamos a traducir en solidaridad concreta: hemos acordado con Fabio que en la semana de Pascua iremos a visitarles a Danlí, la ciudad fronteriza dónde han recibido refugio temporal, y seguiremos a Tegucigalpa, para realizar gestiones con el gobierno de ese país para que les conceda el asilo político que han solicitado. Además, haremos gestiones con ONG, organismos de Derechos Humanos y organizaciones empresariales, para que les apoyen con ayudas y, sobre todo, dándoles empleo.

Hay una peligrosa indiferencia y pragmática resignación frente a los abusos del gobierno de Ortega, que raya en una suerte de complicidad con esos abusos. Es necesario que los que no formamos parte de esa indiferencia y pragmática resignación lo demostremos, y es lo que haremos Fabio Gadea y yo, solidarizándonos con nuestros hermanos perseguidos.

 

* Economista