•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Aparentemente, la violencia contra la mujer es un fenómeno mas pronunciado en los países pobres. Las raíces de este mal son complejas y variadas, pero la perspectiva general es que el machismo la alimenta.

No obstante, los sociólogos y sicólogos norteamericanos han encontrado en sus estudios que las causas también se deben más que todo a problemas financieros enfrentados por las parejas. En los países desarrollados, con fuertes leyes que castigan la violencia doméstica, el machismo parece ser la causa secundaria, ante las disputas y vicisitudes causadas por la división de bienes cuando ocurre un divorcio o una separación, sobre todo en las parejas de raza blanca.

En los países pobres llamados eufemísticamente “en desarrollo” por el argot capitalista, las raíces de la violencia doméstica son profundas. Estas también están entrelazadas íntimamente con nuestra cultura, en la formación educativa inicial desde la niñez. Desde luego, la religión, Católica sobre todo, tradicionalmente ha alentado la opresión de la mujer a través de doctrinas dogmáticas que para nuestros padres y abuelos eran inviolables.

Pero la modernidad y la edad secular del razonamiento y del individualismo, permitió la promoción acelerada de la igualdad de géneros sobre todo en el trabajo y las aspiraciones personales. Seguramente, a la luz de la formación “macho-man” recibida en su infancia, el hombre que emerge en la era tecnológica, se ha sentido mermado en su autoridad tradicional hogareña, y a la vez desplazado de las posiciones de trabajo que antes eran exclusivas de los hombres.

Lo irónico es que también está surgiendo un nuevo tipo de agresión contra la mujer en los países desarrollados, ejercido no por hombres sino por las mismas mujeres. Y esto es algo interesante y curioso. Los sicólogos están hablando de este fenómeno al cual llaman “la tiranía de la abeja reina,” que se está produciendo entre mujeres con niveles altos y medianos de educación que ocupan posiciones de mando en sus trabajos.

El estudio de una profesora de sicología y siquiatría en Weill Cornell College, y autora de varios estudios sociales, Peggy Drexler, llega a una primera asombrosa conclusión: Que el 80% de hostigamiento de mujeres con posiciones de mando es ejercido contra otras mujeres en los lugares de trabajo de EU.

La paradoja es que, lejos de nutrir y promover el crecimiento profesional de las mujeres jóvenes y talentosas, las mujeres con posiciones de mando (abejas reinas) están apartando y hostigando a otras mujeres a quienes ven como sus competidoras, no como sus relevos potenciales. El estudio de Drexler es creíble; personalmente he observado este fenómeno en mi lugar de trabajo.

Que ocurra esto en una sociedad tan pro-feminista como la de EU, donde hasta los homosexuales han hecho ganancias significativas, es algo muy irónico. ¿Qué nos indica esto? Que la violencia y todo de tipo de males contra la mujer no radica solo en la formación machista masculina, sino también en otros factores como económicos, personales o de celos profesionales.

Este tipo de “violencia” emergente de féminas contra féminas es de tipo sicológico, mental y emocional, pero es también tan dañina como la violencia física, porque ataca los derechos y las aspiraciones de la mujer moderna para bloquear o destruir su desarrollo profesional y personal. ¿Qué posibles soluciones pueden ser las más efectivas para contrarrestar la violencia física y mental contra las mujeres, en países pobres y ricos? Es la pregunta del millón junto con la siguiente: ¿Cuál es el país donde nunca ocurre un solo acto de violencia contra la mujer? Para los fenómenos negativos de la sociedad, delincuencia y todo tipo de crímenes, no existe una solución total. Las leyes, por muy duras que sean, no solucionan este problema; solo mantienen un control para no permitir que el fenómeno desborde parámetros y estadísticas, al menos en los países desarrollados, donde frecuentemente se publican informes oficiales sobre si los niveles se han reducido, aumentado o permanecen igual.

La solución, aunque al parecer utópica, está en el cambio radical en el corazón y los sentimientos de respeto mutuo entre hombres y mujeres, criaturas privilegiadas que habitan este planeta. Como James Harnish, reconocido predicador y escritor evangélico, metodista, sostiene: “Las soluciones no vienen con solo un simple re-arreglo de vida externa; esto implica una reorientación radical sobre la manera en que pensamos sobre los resultados.”

 

Kansas, U.S.A.

* Periodista