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Evoco a un hombre de negocios de los años 50 del siglo XX-, quien me contaba que entre algunos comerciantes bastaba “un pelo del bigote”, como garantía para el cumplimiento de sus obligaciones. Hoy, esa honradez de antaño, solamente se transmite a las generaciones con el ejemplo de los mayores, con las buenas costumbres y con el cumplimiento de la palabra.

Fue excelente escuela conocer a esos caballeros y su conducta porque los jóvenes de aquellos años veíamos en ellos la honradez. El Director de El Nuevo Diario publicó su texto “Mandame tu Currículum”, que desvela una moderna forma para engañar a los aspirantes o necesitados de alguna posición de trabajo.

Esa conducta del respeto a la palabra se daba más en los caballeros de antaño que en los actuales hombres de negocios, aliados con la dictadura. Hay actualmente hombres de negocio convencidos que en aras del sostenimiento de la prosperidad de su negocio y de otros, votan a favor del dictador, empeorando la República. Un empresario del procesamiento de mariscos procede así. En otras palabras, si la dictadura es prebendaria con los pobres, también es prebendaria con el empresariado al sostenerla en la ilicitud constitucional.

En el pasado vivieron engolfados parásitos alrededor de la extensa dictadura somocista. En su libro “Somoza, Un Lombrosiano”, don Gustavo Alemán Bolaños denuncia una suma de abusos financieros de Somoza y cuenta que por divertir al dictador, un ministro solía imitar el rebuzno del burro.

En ningún texto entenderemos este proceder, como en los Prolegómanos para un Estudio sobre la Educación que debe darse a los Tiranos” de don Salomón de la Selva. Texto magistral sobre Cayo Julio César -El Tirano- sobre sus gobernados.

El irrespeto a la palabra procede de un corrupto estado político. Si el dirigente es corrupto el pueblo lo ve y participa de la corrupción. Una violación a un semáforo es irrespeto a los conciudadanos. Si la juventud participa de fraudes electorales esa juventud es corrupta y adultos serán corruptos. Esa descomposición social procede de la corrupción. Fomenta totalmente el irrespeto a la palabra.

Fui amigo del Magistrado Dr. Guillermo Selva. El cumplía su palabra ante la solicitud de un trámite; telefoneaba para indagarse cómo continuaba la tramitación por su promesa dada, en presencia del interesado. Otro caballero de la rectitud en la palabra fue el bien recordado profesor José Salomón Pérez Palma, autor de libros sobre símbolos patrios. Los docentes leoneses de los 50 eran caballeros rectos. En mi presencia uno de ellos, siendo Magistrado de la Corte de Apelaciones, rehusó dar una cuota a un homenajeado político. “No tengo porqué homenajear a quien no conozco”, dijo al anonadado colector.

¿Por qué esta rectitud existe parcialmente solamente en las personas mayores? He oído que en Nicaragua existe “la generación perdida” -con excepciones, claro-, de nicaragüenses nacidos en los primeros años 60. Fue la generación cuya juventud coincidió con el primer gobierno sandinista, quienes fueron manipulados en conductas políticas y personales fomentándoles el desprecio a sus sanas costumbres. Cortes de café, de algodón -parcialmente y con excepciones- fomentaron el libertinaje sexual.

Un año de los prósperos 60 los productores algodoneros quisieron incumplir la entrega de sus cosechas comprometidas a casas extranjeras por la llegada de un mejor precio. En Asamblea de cientos de ellos uno de ellos tomó la palabra y confirmó que sí entregaría su cosecha, “porque él había dado su palabra”. Dio un ejemplo de honradez. Cuánta falta hacen esos caballeros de antes en esta descompuesta sociedad.

 

* Abogado y periodista