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El 21 de marzo se celebró el Día Internacional de Lucha Contra el Racismo y la Discriminación en el mundo. El lema de este año es “Racismo y Conflicto”, destacando el hecho que el racismo y la discriminación están en la raíz de graves conflictos.

En Nicaragua, estos conflictos fueron “superados” en los años ochenta, con la aprobación del Estatuto de Autonomía que tutela Derechos de Pueblos Indígenas y Afro descendientes, pero aún persisten graves problemas como el racismo y la discriminación solapada. No se han reconocido del todo y nunca se abordan seriamente en la mesa de discusión.

Seguimos diciendo que en Nicaragua no hay racismo y mucho menos discriminación, una falacia que ha sido largamente escondida detrás del mito nacional: “Nicaragua es un pueblo de naturaleza multiétnica”, que reconoce la oficialidad de las lenguas autóctonas y su uso en la vida diaria de las y los costeños, y es por ello que cuando uno se atreve a señalar su existencia, se encuentra con una negación.

Sin embargo que me digan los Fiscales, Abogados y Jueces, ¿cuándo fue la última vez que hicieron una Audiencia o un Juicio en las Lenguas Autóctonas?, ¿cuando han pedido el derecho que tiene tanto la Víctima, como el Acusado al uso del intérprete, y si lo han pedido, cuántas veces les han otorgado ese beneficio?, ¿cuántas Actas de Nacimiento, Títulos de Propiedad o Certificaciones han sido extendidas en nuestras lenguas?, que constitucionalmente siguen siendo oficiales desde 1987.

Otro mecanismo claro del racismo y la discriminación solapada que existe en Nicaragua son los centros de recreación y diversión para jóvenes indígenas y afro descendientes como: discos, bares, karaokes etc. Están segregados. Quien no me crea que se dé una vuelta por Bello Horizonte o “Negro Horizonte”, como muchos mestizos lo llaman. Esta segregación no es avalada por leyes, pero sí por códigos de vestimenta que claramente atentan contra la idiosincrasia del costeño al querer estandarizar la vestimenta como si Nicaragua no fuera constitucionalmente multiétnica.

Es innegable que los indígenas y afro descendientes siguen siendo los más desfavorecidos y marginados del país, y muchos se mofan de su acento al hablar español y los identifican con epítetos negativos como: ignorantes, narcotraficantes, peligrosos y violentos, cuando la verdad es que no somos pobres; vivimos en el territorio con los mayores recursos naturales y hemos debido aprender a hablar una lengua extranjera para poder ser tomados en cuenta en nuestra propia tierra, y si tenemos acento es porque somos bilingües o trilingües.

Años de lucha del movimiento indígena y afro descendiente han hecho cambios significativos en la leyes de Nicaragua y estamos logrando un leve reconocimiento efectivo de nuestros derechos, pero todavía persiste el racismo y los prejuicios históricos que están comenzando a generar tensiones interétnicas en la vida diaria de las y los costeños: el problema de la propiedad comunal, las contrataciones laborales o elección de candidatos a cargos públicos son ejemplos palpables de esta creciente tensión racial.

Es indudable que todavía existen asignaturas pendientes que deben ser garantizadas para lograr una verdadera equidad e integración racial o étnica, y las fuerzas políticas progresistas juegan un rol preponderante en ese cambio: el saneamiento de los territorios comunales, la respuesta al gobierno territorial kreol de Bluefields, la asignación de porcentajes equitativos de afro descendientes e indígenas en los espacios públicos de la administración regional y nacional, y el uso oficial de las lenguas en la regiones autónomas son alguna de ellas.

También urge una educación intercultural a todos los nicaragüenses, en donde se enseñe que la Costa Caribe es parte integral del territorio, que todos nacemos en igualdad de derechos, que los indígenas y afro descendientes no somos extranjeros; este es nuestro país y tenemos derecho a ser diferentes dentro de la “unidad en la diversidad”.

Lamentablemente la gente que discrimina está convencida de que ciertas personas son mejores que otras y por lo tanto merecen más y mejores oportunidades de manera automática. Es así que los discriminadores eligen quién accede o no a servicios y derechos que en teoría deberían ser disfrutados por todos, pero en Nicaragua gracias a Dios no existe racismo ni discriminación, ya que la Constitución Política y las Leyes así lo dicen. “Demandemos de hecho lo que es nuestro por Derecho”.

 

* Ciudadano caribeño