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Narra la historia que un guerrero valiente y sabio se fue de su tribu hacia tierras lejanas y solitarias, junto a su mujer, descendencia y pertenencias. El tiempo transcurrió y el guerrero vio que era abundante en su prole, en la extensión territorial de sus nuevos dominios y en la acumulación de riquezas.

Un día, el sabio y valiente guerrero comprendió que sus últimos días como cacique de la tribu que había creado estaban por llegar. Su preocupación no era la segura muerte, ni la distribución de las riquezas. Era su preocupación algo tan sublime y tan real al mismo tiempo: ¿Cómo se conservará la unidad de la tribu? Pregunta lógica ante la existencia de nuevos núcleos familiares dentro de la misma tribu.

Vengan a mi lecho de muerte, dijo el guerrero, seguro de las intrigas que existían a lo interno de la tribu, preguntando: ¿Por qué uno disputa la tierra por ser el mayor? ¿Por qué otro reclama las riquezas por ser el mejor?, y ¿por qué otro pretende el báculo de la descendencia?

Nadie respondió.

El guerrero, sereno, seguro y contundente, expresó: ¡los siete pecados capitales invaden sus cuerpos, mentes y espíritus! También les recordó una antigua parábola: cojan una flecha y con la fuerza de sus manos quiébrenla. Así sucedió. Cojan cinco…. ¡No pudieron! Moraleja: la fuerza material no puede quebrar la unidad, unidad basada en los aspectos comunes.

Estoy seguro que los ciudadanos nicaragüenses, como el guerrero valiente y sabio, observan y escuchan en estas semanas hablar de unidad opositora, creando sus propias conclusiones. En mi carácter personal y como miembro de la Cruzada Cívica Azul y Blanco de Nicaragua, considero que debemos diferenciar claramente entre los que hablan y trabajan por una verdadera UNIDAD con visión de nación, y los que se reúnen con intereses personales, mezquinos y hasta mafiosos.

Reflexionemos: cuando los falsos políticos de oposición hablan de unidad siempre priorizan que ésta sea en torno a ellos y no sobre la base de principios, valores y metas que representen las necesidades, aspiraciones y anhelos de la mayoría de nicaragüenses. Por ejemplo: varios personajes de triste recuerdo promueven afanosamente la unidad, pero presentándose como salvadores del mundo y los únicos capaces para optar a cargos públicos, sea por elección popular o por nombramiento, relegando al resto de nicaragüenses como títeres.

Propongo a los conciudadanos tener en consideración la reflexión de monseñor Silvio Báez: que “los nicaragüenses debemos asumir las riendas de nuestro propio destino; debemos redefinir el sistema político actual; debemos unirnos con metas concretas”.

Parte del eje de UNIDAD de los nicaragüenses puede ser que todos tengamos acceso a un sistema de salud y educación verdaderamente gratuitos y de calidad; igualdad de oportunidades para empleos y salarios dignos. Debemos unirnos con la meta de devolverle a Nicaragua su grandeza para poder entonar con voz alta y sonora el lema de nuestra nación: ¡Soy nicaragüense por gracia de Dios!

 

* Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales