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Las Conferencias Episcopales y las provincias de órdenes religiosas tienen autonomía en asuntos prácticos de su trabajo de proselitismo y recogida de colecta, en la gestión de clínicas, propiedades agrícolas y urbanas, en centros educativos y asistenciales; y también en sus entidades financieras como han sido, por ejemplo, la Caja Parroquial del Arzobispado de Bogotá o el Holding Colmena de los jesuitas colombianos.

Las Conferencias Episcopales son endogámicas y territoriales. Más bien, el Vaticano depende económicamente de las Conferencias Episcopales, y opera como oficina de registro de nombramientos de obispos que estas proponen. En cambio, la población católica tomada como ciudadanía de los Estados latinoamericanos representa una fuerza electoral importante, y es el objeto de campañas político-ideológicas que se articulan desde el Vaticano y por su red de nunciaturas desde hace tres décadas.

Si se tiene en cuenta que el papa Francisco y el anterior Benedicto son jesuitas, y de la misma tendencia conservadora, no cabe esperar cambios de carácter doctrinal o disciplinario. Más aún, si se tiene en cuenta que el actual papa Francisco ya salió como el segundo más votado del anterior cónclave que eligió a Benedicto, la conclusión es que la mayoría del colegio de cardenales electores ha sostenido una política de continuidad.

Tanto Benedicto como Francisco tienen una tarea que no es doctrinal, ni disciplinaria sino de gobierno interno de la ciudadela Vaticana. El hecho de que en la elección anterior se impusiera la elección de Benedicto, el jesuita conservador con experiencia en la burocracia vaticana, demuestra la principal intención de la mayoría de los cardenales. La necesidad de terminar con tres décadas de desviaciones financieras y tendencias políticas de la burocracia vaticana.

Porque Juan Pablo segundo abrió las puertas del Vaticano a cuanto ultraconservador, al margen de la Iglesia, quisiera traficar con su influencia y con el refugio de la extraterritorialidad de la banca vaticana (ver de Bernstein y Politi, Su Santidad). Según los tribunales italianos, por el Vaticano han pasado desde organizaciones masónicas hasta partidos y grupos políticos que no tienen nada de católicos. La crisis del Vaticano viene de la intervención de fuerzas no eclesiásticas en los asuntos internos de la gestión de su gobierno y finanzas. Es como si en el principado de Mónaco hubiera tomado posición la competencia de las Vegas.

La intención de Benedicto fue corregir los tráficos de la banca vaticana con el nombramiento de Ettore Gotti Tedeschi, aunque fracasó; y el hecho de que nombrara a Ernst Von Freyberg, aprovechando el período extraordinario de gobierno posterior a su renuncia, demuestra su gran preocupación de saldar este asunto. Por esto, Benedicto no abdicó de forma inmediata, sino concediéndose un período extraordinario en que no debió atender a los protocolos de gestión, y sin tener que consultar a las tendencias internas de su gobierno.

También la renuncia de Benedicto se produjo después de la difusión de unos correos por su mayordomo, y de recibir el informe de dos cardenales sobre “quién es quién” o “quién hace qué” en la burocracia de la ciudadela vaticana. Debió de reconocer su impotencia ante la magnitud de la situación, y renunció. Pero lo que no pudo el jesuita conservador, experimentado burócrata vaticano, ahora pasa a la responsabilidad del que quedó de segundo en la pasada elección papal. Y podría ser que esto ya estuviera en la mente de Benedicto, que ahora podría hacer un cogobierno con Francisco. Pues, no es de esperar su automarginación después de las medidas que tomó los últimos días posteriores a la renuncia.

Los problemas del vaticano no son de disciplina, ni doctrinales, ni de cambios rituales sino de unas prácticas iniciadas bajo Juan Pablo Segundo, grupos y partidos políticos ultraconservadores no católicos que utilizan la estructura eclesiástica y tratan de dirigir a la población electoral conservadora católica. La cuestión es si los partidarios de Francisco evitarán caer en el populismo socialcristiano.

 

* Investigador en Historia de las Ideas y las Instituciones