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Con frecuencia publico artículos en El Nuevo Diario. He recibido tres críticas a las que quiero referirme. Dos de las críticas se refieren a artículos con los que comparto con los lectores algún libro que leí o algún programa de TV. Me han dicho que dichos artículos no son de “opinión” porque en ellos no opino nada, y que mejor me limite a poner el título del libro para que el lector lo busque en Internet.

No todos los “artículos de opinión” expresan opiniones. Algunos son crónicas. Francisco Gutiérrez Barreto ha escrito crónicas de eventos musicales sin expresar opiniones. Me ha gustado leerlas y así informarme de primera mano sobre tales eventos. Algunos artículos son instructivos, como los de Róger Matus Lazo sobre nuestro idioma. No contienen opiniones pero instruyen al lector sobre muy interesantes temas. En Internet se encuentra información sobre los artículos de crónicas y los instructivos, pero eso no es razón para no publicarlos.

Un periódico tiene una distribución masiva. Muchos de sus lectores no tienen acceso a Internet o a comprar libros; otros no tienen tiempo para leer libros o para navegar en Internet. A veces un artículo despierta el interés del lector y sirve de estímulo para que éste profundice en el tema; algunas personas me escriben para pedirme más información cuando publico este tipo de artículos.

En otros casos el lector se conforma con el artículo y no profundiza en el tema, pero le queda una idea de algo de lo que antes no conocía nada. Esos artículos contribuyen a la educación del lector. A veces los articulistas escriben sobre amigos o familiares fallecidos para rendirles tributo. Esos temas interesan a pocos pero tienen cabida en las páginas de opinión de un diario.

La tercera crítica se refiere a la insistencia en un tema particular. Esto es algo común. Entre los temas sobre los que muchos insisten se encuentran el idioma, el deporte, la política, la moda, la farándula, el cine, la música, la poesía, la etiqueta, la decoración, la literatura, la mitología, la salud, la psicología, la filosofía, la educación, los derechos de la mujeres, etc. Podría mencionar nombres de articulistas especializados en cada uno de estos temas; en algunos casos se trata del único tema que abordan. Eso no tiene nada de malo.

En mi caso no abordo un tema único pero con frecuencia escribo contra la religión. Sin embargo, mi insistencia palidece en comparación con el martilleo incesante de quienes preconizan un mundo lleno de religión, usualmente con el deseo de que la religión propia sea la única o la predominante. Por todos lados vemos el adoctrinamiento desde la cuna, monumentos religiosos en sitios públicos, fiestas religiosas, publicaciones religiosas, ritos de todo tipo (algunos, molestos para los vecinos), programas de radio y TV religiosos, etc. En algunos sitios del mundo la religión se ha apoderado del poder político y en otros las religiones reciben ayuda económica del Estado.

Si se considera que muchos de los que quisieran un mundo menos religioso no tienen la libertad de expresar su deseo por miedo a represalias y que otros no cuentan con la información suficiente para promover su ideal, o no tienen tiempo para escribir o acceso a una publicación masiva de sus escritos, difícilmente se podría criticar con justicia a los pocos que sí lo hacemos. Es parte de la libertad de expresión que nos conviene a todos.

No se trata de una obsesión sino de la promoción de una forma diferente de ver el mundo, que muchos consideramos mejor para el futuro de la humanidad. Si fuera una obsesión ridícula, como ha expresado uno de mis críticos, también lo sería, y en mayor grado, la de quienes insisten, con su incesante martilleo desde la propia cuna, en universalizar sus creencias religiosas particulares.

 

* Ingeniero y músico