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Releyendo el documento conclusivo de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en Aparecida, en mayo de 2007, encontramos que todo el documento está atravesado por la tensión entre el extraordinario salto del desarrollo de la ciencia y la técnica –particularmente las de la manipulación genética y la comunicación social– y lo que llaman una “crisis de sentido” de la civilización humana.

La globalización es conducida por una tendencia que privilegia el lucro y estimula la competencia, sigue una dinámica de concentración de poder y riquezas en manos de pocos, no sólo de los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo de la información y los recursos humanos, lo que produce la exclusión de todos aquellos no suficientemente capacitados e informados. Aumentan las desigualdades que mantienen en la pobreza a muchas personas.

Tomemos el documento como punto de partida de un comentario sobre los significados políticos de la asunción del cardenal Bergoglio como nuevo Papa. Puede acercarnos a la comprensión de este “tsunami vaticano” que desemboca en la elección del primer papa latinoamericano de la historia. Lo que nos garantiza una correcta intelección de este fenómeno sería la observación estricta de la “iglesia realmente existente”, que suele identificarse con la conducta política de las cúpulas eclesiásticas.

En ciertas personas aparecen sospechas sobre el valor de las palabras. Falsa conciencia, manipulación, simulacro, demagogia se ofrecen, entre muchas otras, como principios explicativos del distanciamiento de la acción humana de sus propósitos reales. Situados en un punto de vista distinto, consideramos que en la vida colectiva las palabras se autonomizan relativamente del propósito de uso individual de quien las pronuncia. Crean expectativas, construyen campos de alianzas y adversarios, sustentan identidades, disputan sentido.

La misma infertilidad tiene la interpretación de los primeros movimientos del Papa como demagogia, que la describe como el desenvolvimiento de un simulacro populista dirigido a manipular a las masas. La palabra demagogia aniquila la sustancia misma de la palabra política.

El documento de Aparecida tiene mucha importancia en estos días. Habla de un “cambio de época” en la región. Pero el uso episcopal difiere del uso político. Según los obispos, la llave de la recuperación de un sentido universal, en el reino de la diversidad y la pluralidad, está en manos de su religión.

No puede ignorarse que la reflexión pone al desarrollo de las cuestiones de libertad de género y de elección sexual como uno de los principales tópicos ejemplificadores de la profundidad de la crisis de sentido. Tampoco la referencia descalificadora como nuevos populismos aplicados a los nuevos gobiernos de nuestra región.

Sin embargo, el texto está penetrado de una aguda mirada crítica del proceso de globalización y de sus consecuencias sociales y culturales. Haría bien cierta gente que celebra la asunción de Francisco en acercarse a esta visión crítica del mundo global.

Después de la renuncia de Ratzinger, rodeada por un denso clima de “marufias” financieras y escándalos sexuales, cabría preguntarse si la crisis de sentido de la que habla el documento no incluye a la Iglesia Católica, a partir de sus propias jerarquías. Es interesante pensar si el debilitamiento del catolicismo en muchos países no tiene sus raíces en un proceso en que el nexo pragmático con el poder debilitó los vínculos de la iglesia con los sectores más vulnerables de la sociedad y con el pensamiento crítico que pretendía expresar políticamente a esos sectores.

 

* Docente