Jorge Eduardo Arellano
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En este mes en que los nicaragüenses conmemoramos gestas libertarias, siendo un ciudadano más de este sufrido país, resulta difícil callar ante los acontecimientos que a diario se vienen presentando.

Desde el inicio del gobierno de “reconciliación nacional”, las acciones del mismo distan mucho de la prometida reconciliación y paz; por el contrario el actuar resentido de los nuevos funcionarios en contra de toda persona u organización que no tenga el cuello lo suficientemente flexible para decir sí señor a las medidas (muchas de ellas arbitrarias y contra ley expresa) que adoptan, ha sido evidente y la han sufrido miles de nicaragüenses.

El manoseo a las leyes e instituciones del Estado ha sido evidente, descarado, logrando con ello gran desprestigio para instituciones que habían logrado cierto grado de profesionalización y respeto, más el actuar del partido-Estado no se ha limitado a minar la institucionalidad de nuestra patria y aún reciente democracia, pues con sus medidas arbitrarias tratan de callar la voz del pueblo que, al igual que en otros tiempos, trata de hacer prevalecer sus derechos elementales, como lo es el de poder expresarse libremente, el tener un empleo digno, mejorar sus condiciones de vida.

Poco a poco, con sus acciones tratan de callar la conciencia ciudadana, ésa que dice ¡basta ya de tanta inoperancia!, ¡basta ya de tanto abuso y autoritarismo!; tratan de robarnos nuestra libertad, misma que le es inherente al ser humano, pues el hombre que es un ser no acabado, necesita tener libertad para terminar de hacerse, y entiéndase tener libertad, no hacer lo que uno quiera, sino querer lo que uno hace.

Y es precisamente por ser el derecho a la libre expresión una de las manifestaciones más visibles de la libertad, que los enemigos de la Patria desde el poder, hacen todo lo posible para callar voces y conciencia del pueblo, ejerciendo todas las medidas que desde el poder pueden hacer, cerrando espacios televisivos, emprendiendo sendas y costosas campañas contra medios de comunicación, a los cuales tildan de oligarcas y corruptos; olvidándose ellos mismos sus orígenes, manchados de sangre, expropiación, destrucción de la economía y separación de la familia.

Es lamentable que quien ostenta la Presidencia de la República, le interese más el llamarse amigos de terroristas internacionales, que establecer políticas con visión de nación, respetando las leyes que juró cumplir y hacer cumplir.

Sería honroso escuchar al primer ciudadano de la nación hacer suyas las palabras de un estadista costarricense que una vez dijo: “La libertad de prensa es un derecho consagrado por la ley, y como tal debo respetarla, cualquiera que sea las consecuencias que de su ejercicio, para mi resulte”.

*Médico cirujano. Master en salud ocupacional y ambiental.