Jorge Eduardo Arellano
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Los responsables de las campañas de los partidos políticos deberían analizar sus productos de comunicación, antes de publicarlos. Y no sólo los discursos directos de los textos y las imágenes, sino su interrelación, que a veces genera mensajes contradictorios o no deseados. Además, sería conveniente analizar el soporte de sus campañas, pues también “el medio es el mensaje”.

Un día de estos fui a Estelí y me encontré con bolsas de plástico que un partido regalaba como parte de su campaña. Entonces, mientras instituciones y organizaciones motivan para no usarlas, ellos, sin una reflexión sobre el efecto de sus acciones, comienzan a repartirlas; lo cual trasluce que eso no les preocupa y que cuando se muestran amigables con el entorno, es solamente una máscara verde para atraer votos, como si los electores no razonaran.

Las bolsas plásticas tardan miles de años en desintegrarse. Además de ensuciar y contaminar el ambiente, para su fabricación se necesita mucha energía. Pero no sólo ensucian y afean la ciudad, sino que se conviertan, como alguien dijo, en la “flor nacional”, que se ve por todos lados: proliferan en las calles y atascan los cauces, florecen en los árboles, en los cercos, en los pantanos y hasta en el polvo de los caminos. Y van a dar al mar y al lago. Y son una trampa para algunos animales que las confunden con alimentos, se las tragan, y se asfixian. Y esas mismas bolsas son tragadas por otros y así van en cadena, por lo que el peligro se multiplica.

Mientras a nivel mundial se está impulsando el uso de bolsas de tela, aquí los que buscan llegar al poder para dirigir los asuntos municipales, promueven y propician el uso de las bolsas plásticas. Ni siquiera piensan que su mensaje se desechará al primer uso; mientras que si regalaran bolsas de tela, su mensaje sería más duradero, menos contradictorio y no contaminarían, al menos el medioambiente físico; pero podrían contaminar el medioambiente emocional, si se dedican a atacar a los adversarios en vez de ofrecer propuestas atractivas, congruentes, inteligentes y realistas.

Y el problema también es por contaminación acústica. No sólo me lo han comentado, lo he presenciado; y el mensaje ni se escucha, debido al estruendo y a la mala calidad del sonido o al mal uso del equipo. La publicidad ambulante es para eso: para difundir mientras se está desplazando, no para estacionarse. Sin embargo, se parquean frente a las casas de habitación, o pasan una y otra vez. Y en vez de dar un mensaje que atraiga a los electores, lo que generan es rechazo, lo cual es lógico pues están afectando su salud y tranquilidad.

¿Por qué será tan difícil que se entienda que el ruido afecta la salud? ¿Será necesario ver chorrear sangre de los oídos cada vez que el ruido sea insoportable? Antes había, al menos para Managua, un decreto sobre la publicidad ambulante; se derogó, pero no se aprobó otro. ¿Será tan difícil?
La publicidad ambulante necesita un horario, pues no se puede estar a toda hora con los anuncios. Y debería indicar cuestiones de calidad del sonido, ya que a veces es tan malo que no se entiende y molesta tanto como el alto volumen. Aunque esto de la calidad deberían normarlo los clientes y los propietarios de los equipos, unos no contratando malos servicios, y los otros, ofreciendo un mejor sonido, que incluya volumen adecuado para no afectar la salud. Y no es que se esté en contra de la publicidad ambulante, pues cumple una función social y genera empleos, pero debe normarse. Y debería ser atractiva. Pero bien, el caso no es la publicidad ambulante normal, sino el ruido de las campañas, que igualmente debe ser regulado.

Y no sólo es el estruendo de los equipos de sonido, sino los bocinazos de las caravanas de vehículos, que irrespetan y maltratan a los electores. La Ley 431, de circulación vehicular, estipula multas para quienes provoquen “ruidos escandalosos y perturbadores del medioambiente” (Art. 26, inciso 40).

Seguramente ésta es una excepción que se auto conceden los políticos. ¿O será que las autoridades otorgan este permiso? Y si no lo otorgan, tampoco escuchan los bocinazos. O el poder político-partidario se impone ante el deber constitucional de proteger la salud y el medioambiente.

¿Por qué una propaganda con gritos, bocinazos y bolsas plásticas? ¿Por qué los partidos políticos sólo ven el voto en cada ciudadano? ¿Por qué no ven a un ser humano que merece respeto? ¿Por qué no nos hacemos respetar? La contaminación ambiental nos afecta a todos y a todas, y quienes lleguen a la silla edilicia serán los principales responsables del medioambiente saludable y la salud de la población. ¿Qué podemos esperar de estos candidatos y candidatas?
Hay que agregar la contaminación visual, con mantas, carteles y vallas. Y las botellas, plásticos y miles de papeletas que dejan las concentraciones ¿En qué les ayuda esa cantidad de papeles que quedan tirados? ¿Saben cuánta agua y cuánta energía significa fabricar ese papel? ¿Y cuánto contamina su fabricación?
Ojalá que cambien sus bolsas plásticas por unas de tela, así cambiarán, en parte, su mensaje. Y sus altos decibeles por actividades de alto contenido social, artístico y cultural. ¿Por qué no un esfuerzo de creatividad, honestidad e inteligencia, y hacer de la campaña electoral una real fiesta cívica?
doraldinazu@gmail.com