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Desde el momento en que el presidente Chávez anunció a su pueblo y al mundo que se sometería a su cuarta intervención quirúrgica contra el cáncer que lo agobiaba, los medios de comunicación a nivel mundial, en contubernio con los venezolanos, se dieron a la tarea de afinar y apuntalar la nefasta guerra propagandística, irresponsable, canallesca, provocativa e inmoral contra el presidente de una nación soberana que batalla por la vida, su familia, la sociedad chavista y por el resto de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Los diarios españoles El País y ABC fueron los principales protagonistas para la creación de una matriz de opinión política, no informativa, con el objetivo de confundir, mediatizar y desestabilizar la revolución bolivariana. Esta matriz política revestida de comunicacional fue también asumida por el francés Le Monde, el Espectador colombiano, El Comercio peruano y hasta el mismo Vargas Llosa, para citar unos cuantos, alzó su pluma para despotricar y verter su veneno sobre Chávez, el chavismo y la revolución bolivariana.

La grotesca y falsa fotografía publicada por el diario El País, presentando el estado de salud del presidente Chávez, constituyó un reflejo de la falta de ética, bajeza, el abuso de la libertad de expresión y la miseria humana de los medios de comunicación escritos, televisivos y radiales del decadente sistema capitalista y sus aliados burgueses y oligarcas.

La enfermedad y muerte del presidente Chávez ha puesto al desnudo la unidad de las fuerzas reaccionarias en contra de los procesos revolucionarios, de desarrollo y emancipación de los pueblos contra el colonialismo, neocolonialismo y el imperialismo. En aras de defender sus intereses políticos e ideológicos globales en contubernio con sus adláteres internos, no respetan el dolor, la tristeza, la consternación de la familia, del pueblo bolivariano y latinoamericano, ante el fallecimiento de tan insigne estadista revolucionario.

El odio visceral contra Chávez y la revolución bolivariana se produce porque los pueblos latinoamericanos y caribeños combaten y luchan por su emancipación. La llegada de Chávez y la revolución bolivariana cambió el panorama económico-político, socio-cultural y geopolítico de América Latina.

Unasur, la CELAC, la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) constituyen esfuerzos concretos que reflejan el cambio latinoamericano y tienen la marca, empeño, energía, combate y tozudez del presidente Chávez.

Nuestro continente no es igual. Hay un antes y un después. La revolución bolivariana inició el cambio de época en el continente de la esperanza. El legado de Chávez es continuar adelante en la construcción y unidad latinoamericana demostrando, como dijo una vez Fidel, que un mundo mejor es posible.

Pero el mayor legado de Chávez, que perdurará en los años venideros, es el amor, el inmenso amor por los desposeídos, excluidos y marginados no sólo de Venezuela y Latinoamérica sino del mundo. Producto de este amor que profesó a la humanidad, fue la unidad espiritual del globo terráqueo y de todos los credos y religiones orando, rezando y pidiendo por la salud del mandatario. Una revolución espiritual a escala mundial contra el odio, la calumnia y el menosprecio.

Los obcecados, los fanáticos ideologizados, los que amansan inmensas fortunas por la explotación del hombre por el hombre no pueden entender, mucho menos aceptar el legado de este político que está ubicado en el altar de los hombres que han dejado su huella imborrable en la lucha por la independencia, soberanía, desarrollo económico, la democracia, la inclusión y la justicia social de nuestra querida y expoliada patria latinoamericana.

No pudieron derrotarlo en vida, tampoco muerto. Su legado ha transcendido y de mano de la revolución bolivariana nuestros pueblos continuarán el camino del desarrollo independencia y bienestar.

 

* Docente U.P.F. San Carlos