Rafael Lucio Gil Ph. D.
  •  |
  •  |

Las cumbres mundiales de educación, en particular la realizada en Seúl no hace  muchos años sobre la educación técnica, han reconocido la gran importancia que tiene para los países orientar la educación para mejorar la empleabilidad de jóvenes y adultos. Ello requiere, no sólo de habilitación laboral, sino del desarrollo de competencias educativas capaces de estrechar lazos profundos entre el conocimiento y su aplicación para la sociedad. Esto, sólo podrá hacerse efectivo conformando un auténtico subsistema de educación técnica. La Ley General de Educación, por primera vez, con el aliento que le infundieron el Plan Nacional de Educación y el Foro Nacional de Educación, incorporó, entre los cinco subsistemas del Sistema Educativo, el de  educación técnica. Los países del mundo que han pensado seria y responsablemente su desarrollo, han sabido priorizar la conformación efectiva de un subsistema educativo de educación técnica. Ello ha tenido impactos muy positivos en la empleabilidad de los jóvenes, por una parte, a la vez que mejorar sensiblemente su capacidad para hacer realidad las políticas de desarrollo.   

De esta manera todos han salido ganando. Los jóvenes, al insertarse con prontitud al  ámbito laboral con las competencias técnicas con que éste les desafía; por otra, las empresas públicas y privadas han podido contratar jóvenes con más y mejores competencias para ampliar y mejorar sus objetivos; y el país, en tanto cuenta con mano de obra bien calificada para atender las demandas de respuesta pertinente a las exigencias de la sociedad. Esta realidad que han vivido otros países y que ha incidido de manera notable en su desarrollo, en nuestro país aún no cuenta con una visión, acción y compromiso apropiados. Los esfuerzos que el Instituto Nacional Tecnológico ha venido haciendo son laudables, pero notablemente insuficientes, si se comparan con las necesidades que presenta el país. A pesar de ello, la falta de salidas técnicas bien estructuradas impide que los bachilleres y sus familias vean una buena alternativa en la formación técnica, por lo que las opciones sólo son dos: estudiar una carrera universitaria, o alimentar el desempleo por su bajo nivel de empleabilidad.

El Inatec viene respondiendo con buen tino a la capacitación  del sector laboral, en coordinación con las empresas, a la vez que alimentado con los aportes que éstas destinan para hacer posible la capacitación de sus recursos humanos. A la vez, sus  esfuerzos en la formación técnica han sido notables y exitosos, aunque profundamente insuficientes, más aún cuando lo han hecho sin recursos de presupuesto, siendo el sector empresarial que ha sabido, también, aún sin tener obligación en ello, aportar al mantenimiento y desarrollo de los pocos centros que se han logrado abrir con esta función. Llama la atención que, siendo la formación técnica una obligación del Estado, el Inatec no recibiera propiamente un presupuesto adecuado para su desarrollo.

Ello, sin duda, habla muy bien de la solidaridad del sector empresarial con la formación técnica, y nada bien de los gobiernos que se han sucedido, al no considerar en el  Presupuesto de la República el presupuesto que posibilitara la instalación, apertura y funcionamiento efectivo de los pocos centros de formación existentes y la apertura de otros nuevos. Como resultado de ello puede decirse que la educación técnica aún no constituye un auténtico subsistema, como lo mandata la Ley General de Educación, bien articulado con los demás subsistemas, con un continuum curricular y las pasarelas y puentes que faciliten el paso flexible de sus estudiantes dentro del subsistema y con los demás subsistemas.

En el marco de la relevancia que la educación técnica ha de tener en las políticas públicas y el Plan de Desarrollo Humano del nuevo gobierno, es preciso reubicar el campo de la formación técnica en el Ministerio de Educación, integrándola como parte de los perfiles del currículum de educación media y secundaria diversificada como un todo único, diverso y pertinente con las necesidades del país. Este traslado, para que sea efectivo, debe contar con el respaldo debido en el Presupuesto de la República, para lo cual es preciso convencer a todos los diputados, más allá de sus intereses políticos, de la importancia trascendental que tal decisión tendría para el futuro del país. Es importante anotar que, en todos los resultados obtenidos en los diagnósticos educativos realizados por los participantes en los cursos de postgrado dirigidos por Ideuca en más de diez departamentos del país, las comunidades consultadas proponen, como principal prioridad alternativa, la apertura de Centros de Formación Técnica.

En este momento el Mined ha decidido formar un Comisión Especial para la Reforma de la Educación Secundaria. Es la oportunidad propicia para capitalizar la experiencia desarrollada por el Inatec, integrando el perfil de salidas técnicas en la diversificación de la educación secundaria. El presupuesto nacional, unido a la gran disponibilidad de la cooperación internacional para apoyar a este subsistema, y a las lecciones aprendidas de nuestro pasado y presente en el tema, pueden crear las sinergias necesarias para hacer efectivas estas nuevas avenidas de la educación. Esperamos que la visión estratégica de largo aliento logre superar las barreras que imponen las instituciones y las personas que aún son cortas de vista.