Ricardo Antonio Cuadra García
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Por muchas generaciones la traición de Judas a Cristo se ha comparado con la traición de Juliano al cristianismo. Se le ha llamado el “apóstata”, epíteto de quien siendo bautizado renuncia a su religión. Se le acusa de querer restaurar el paganismo en el imperio romano.

El término pagano es meramente cristiano y eran aquellos a los que tachaban de adorar dioses falsos e inclusive hasta demoníacos. Un gran valor del politeísmo romano es el elevado umbral de tolerancia para asimilar nuevos dioses en el panteón del imperio. Es interesante destacar que los paganos devolvían el calificativo peyorativo con el de “ateos” a los cristianos. Esto debido a que en el cristianismo primitivo no se veneraba ninguna imagen y su dios era invisible.

Cuando Constantino El Grande muere, empieza una purga sanguinaria de todos los familiares para definir la sucesión del imperio. Esta carnicería la lidera Constancio II, hijo del emperador fallecido. Manda a matar a todos los familiares que le disputen el imperio a él y sus hermanos Constantino II y Constante. No obstante, deja vivos sólo a Galo y a Juliano infantes, hijos de un hermanastro de Constantino al cual asesinó también.

Galo y Juliano fueron enviados a un castillo cárcel llamado Macelum, donde tutores y eunucos los educaron hasta la adolescencia. Cuando Constancio II se hizo cargo del imperio detrás de una estela de sangre familiar, llamó a Galo para que le sirviera como César y liderar tropas en las guerras del imperio. Sus éxitos militares fueron su mayor tragedia, pues despertó el celo sangriento de su primo. A base de trampas y mentiras Constancio II hace asesinar a Galo.

El historiador Jonathan Kirsch dice en su libro “Dios contra los Dioses”: “Entre los primeros instructores de Juliano en los rudimentos del cristianismo estuvo Eusebio de Nicomedia, el obispo arriano”. Del veneno del paganismo había que conservarlo inmaculado, opina el historiador Gerald Henry Rendall. No obstante, el historiador Giuseppe Ricciotti nos dice que el eunuco Mardonio, a quien el mismo Juliano describe como un “bárbaro, por los dioses y las diosas”, fue el único que se ganó la confianza de Juliano en su cárcel de Macelum.

Juliano era un hombre bien instruido cuando llegó a ser emperador. Le apasionaba la lectura de todos los clásicos paganos. “Algunos hombres sienten pasión por los caballos, otros por los animales salvajes, pero yo lo siento por los libros”, escribía.

Al igual que a Galo, el emperador Constancio II llama a Juliano y lo nombra César de una parte de su imperio (360 d.c.). Muchos no creían en las cualidades de liderazgo militar del joven Juliano. Se fue ganando la admiración de sus tropas a medida que las mismas iban teniendo éxito. La admiración de su ejército se materializó cuando lo declararon emperador. Prudentemente Juliano asume una actitud pasiva al nombramiento de la tropa, pues sabía la suerte de su hermano Galo en las manos de Constancio II. Juliano, sin embargo, no pudo contener el liderazgo que le daba su ejército y estaba en guardia para enfrentar a las tropas de Constancio II. La muerte por una fiebre sorprendió a Constancio II, previa al inevitable choque de ejércitos. La circunstancia le permitió a Juliano asumir las riendas del Imperio Romano.

Estando en el poder absoluto que daba el cargo de Emperador y “Pontifex Maximus” de todas las religiones del imperio, dejó de ocultar sus preferencias teológicas. Terminó con la persecución de paganos, herejes y judíos que los edictos de Constancio II promovían. Purgó la corte imperial de cristianos y se rodeó de amigos leales en el politeísmo. Devolvió los templos que su primo había quitado a los paganos para dárselos a los cristianos. Quitó las preferencias fiscales a los cristianos y puso a éstos en igualdad de condiciones que las demás creencias. Quería volver al esquema que instauró su tío Constantino El Grande, quien desarrolló un imperio multirreligioso.

Según el historiador Edward Gibbon, Juliano se enorgulleció siempre de su disciplina y su austeridad, y la riqueza y el poder de los que disfrutó no lo ablandaron. En una disputa protocolaria con un cónsul romano, Juliano se declaró culpable por entrometerse en la jurisdicción de otro magistrado; se impuso una multa de diez libras de oro y declaró que nadie ni el emperador estaban por encima de la ley. Comía con moderación a diferencia de otros emperadores que se atiborraban en sus banquetes.

Algunos historiadores cristianos acusan a Juliano de emprender una persecución a los cristianos. La afirmación es parcialmente cierta, según otra corriente histórica, pues manifiestan que tenía métodos diferentes a la espada para fastidiar a los rigoristas cristianos. Incluso, según el historiador Kirsch, Juliano se manifestaba contra el derramamiento de sangre de los cristianos. “Declaro por los dioses que no quiero que se ejecute a los cristianos, ni que se los golpee de manera injusta, ni que sufran otros males”.
 
Las maneras de fastidiar a los cristianos que usó Juliano fueron ingeniosas; dictó una orden para restaurar a muchos obispos cristianos herejes y cismáticos, al igual que apoyó a los judíos intentando reconstruir el Templo de Jerusalén. Pero su mejor arma fue la pluma, la crítica ácida al cristianismo que hace en su libro “Contra los Galileos”,  así lo atestigua.

Juliano se veía como el relevo de Alejandro Magno en el impulso del helenismo. Murió de una flecha en su tórax, imprudentemente descubierto en una batalla contra los persas. Todavía los historiadores no se ponen de acuerdo si la flecha fue de un persa o de un cristiano de su propio ejército. Años después llegaría a ser emperador Teodosio I, quien haciendo lujo de intolerancia impuso el cristianismo católico en el imperio.

Es importante reconocer que en la actualidad la Iglesia Católica acepta otras creencias para la salvación. Esto lo atestigua el acercamiento al diálogo interreligioso que comenzó Juan Pablo II. También es bueno destacar la cantidad de sacerdotes que están usando la meditación budista como reconocimiento implícito a otras formas de religiosidad. Parece ser que su dogma de exclusividad, celo y su consecuente ira monoteísta que tanta sangre ha costado a la humanidad ha sido modificado para el bien y la paz mundial.

rcardisa@ibw.com.ni

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