Alberto Alemán
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La transición de poder fue cerrada en China sin problemas, según el guión establecido. Ha sido muy completa, y los nuevos líderes definieron sus objetivos del desarrollo para los próximos años y los de la política exterior.

A mediados de marzo, Xi Jinping y Li Keqiang asumieron como presidente y primer ministro, respectivamente. Así se había decidido desde hace unos años en el seno del Buró Político del Partido Comunista Chino, PCC, gracias a un consenso alcanzado por las distintas facciones.

El elemento novedoso, al contrario de los casos de los antiguos máximos líderes Jiang Zemin y Hu Jintao, es que Xi ha tomado en un tiempo muy rápido los tres puestos claves del poder.

En noviembre pasado asumió como secretario general del Comité Central del PCC – el puesto más importante --. A mediados de marzo, la Asamblea Nacional le confirmó como presidente de la República Popular China. Por si fuera poco, también ha recibido la dirección de la Comisión de Asuntos Militares del partido, o sea el mando sobre las fuerzas armadas.

Jiang debió esperar un buen tiempo antes de que el patriarca absoluto y padre de las reformas, DengXiaoping, dejase la conducción de la Comisión de Asuntos Militares. Hu esperó dos años para asumir la Presidencia, luego que finalmente Jiang se retirase de la jefatura de la Comisión.

Es decir, en los últimos 20 años, ningún nuevo líder dispuso de tanta influencia personal en un tiempo tan breve y al inicio de su mandato. No obstante, ninguno ha gozado de una autoridad tan incuestionable como la de Deng o la de Mao Zedong, el gran líder de la revolución. Además, la negociación y búsquedas de consenso entre grupos se han convertido en una práctica.

Se supone que el tándem Xi-Li dirigirá las riendas de China por 10 años.

En su discurso de investidura, Xi -- un “príncipe” nacido después de 1949, hijo de un cuadro revolucionario histórico y por tanto, miembro de la élite -- habló de construir “un sueño chino” y trabajar por un “gran renacimiento de la nación china”.

Por su lado, Li, un tecnócrata nacido en 1955, de gran experiencia y fluido en inglés, expuso los objetivos del desarrollo: un crecimiento del 7.5% para este año (igual a 2012), una inflación menor al 4.5% mejorar la eficiencia administrativa, reducir las brechas y las crecientes desigualdades sociales, y luchar contra la corrupción que mina la autoridad del partido.

En alocuciones anteriores, se había definido un objetivo muy importante: el cambio de un modelo económico orientado hacia las exportaciones, hacia uno orientado al consumo interno como factor de crecimiento. Es este un aspecto que empresarios y ejecutivos de todo el mundo no pueden obviar.

A principios de este mes, Xi realizó su primer viaje al exterior y que ha dejado en claro cuáles son las prioridades de China. Incluso ha inaugurado un nuevo estilo, haciéndose acompañar de su glamorosa y elegante esposa, PengLiyuan, una famosa cantante de música popular.

Su primera parada fue Moscú. Aprovechando el excelente estado de relaciones con Rusia, la RPC estrecha aún más las relaciones, buscando equilibrio estratégico ante la presencia dominante de Estados Unidos en Asia y la rivalidad sino-estadounidense en desarrollo, las disputas territoriales con Japón y la siempre incómoda relación con India.

Se firmó durante la visita acuerdos de negocios muy importantes que garantizarán otra necesidad clave: el abastecimiento energético. El gigante ruso Rosneft, que ya vende 15 millones de toneladas de crudo al año, incrementará sus entregas, poniéndose el objetivo de llegar a los 50 millones de toneladas, y tomando un crédito chino de US$ 2 mil millones.

“Por su lado, el gigante gasífero ruso Gazprom firmó con CNPC un acuerdo con miras a suministrar a China a partir de 2018 un volumen de 38,000 millones de metros cúbicos de gas por año y hasta 60,000 millones de metros cúbicos después”, según informó la agencia AFP desde Moscú.

Trascendió luego de la partida de Xi que China habría firmado la compra de más armamento ruso de nueva generación por una suma muy alta, aunque luego hubo información contradictoria.

Tras dejar Rusia, Xi se dirigió a África. El continente negro juega un papel muy importante. La RPC es ahora su primer socio comercial. China se proclama líder del mundo en desarrollo.

Empresas chinas están por todas partes construyendo infraestructuras y extrayendo las materias primas. En Tanzania, Xi firmó una quincena de acuerdos de cooperación y negocios, en Sudáfrica participó en la cumbre de los BRICS; y en Congo-Brazaville, un país con mucho petróleo y madera donde China ha hecho hospitales, represas, aeropuertos y ha conectado la capital económica Pointe-Noire con Brazaville con una carretera de 500 km, firmó varios convenios.

El nuevo liderazgo pekinés ha sido rápido en establecer prioridades y el rumbo del país en el futuro inmediato.

 

* Analista de asuntos Asia-Pacífico