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Ahora que se habla en Nicaragua de modernizar el sistema penitenciario y crear granjas o centros de régimen semiabierto, vale la pena comentar una reciente visita que hicimos con un grupo de colegas a Pavón, una de las cárceles más grandes en Guatemala, semejante a un pequeño pueblo, donde los privados de libertad trabajan en talleres artesanales, peluquerías, pulperías o restaurantes, ganándose la vida para apoyar a sus familias o pasan el tiempo en gimnasios, bibliotecas y canchas deportivas.

Un equipo de especialistas de la Asociación para la Prevención del Delito, APREDE, que desarrolla un proyecto de prevención de la violencia en coordinación con el CEPREV de Nicaragua, visita constantemente esa cárcel para capacitar en temas como masculinidad libre de violencia, autoestima y desarrollo personal o impartir a los privados de libertad cursos de artesanía o técnicos, y es impresionante notar los cambios en los participantes de esas actividades, en su estado de ánimo, sus relaciones familiares, su vocación para apoyar a otros y especialmente en su creciente y decidido rechazo a la violencia.

El grupo exhibía en sus obras talladas en madera, resultado de las capacitaciones artesanales, un despliegue conmovedor de conejitos, corazones, ositos, flores con mensajes de amor, o la Virgen de Guadalupe, bastante venerada por los reos de Pavón, imágenes candorosas cuyos autores ciertamente no eran niños sino reos con condenas, pero que expresaban la parte inocente de ellos mismos.

La gran mayoría compartía una historia común de abusos, violencia y abandono paterno sufrido en la infancia, adicciones tempranas e involucramiento desde la adolescencia en actividades de narcotráfico, sicariato, robos, crímenes y otros delitos.

Habían comprendido claramente la relación existente entre su propia historia de horror y desamor, maltrato, abusos y abandono infantil con lo que habían hecho pagar a otros y otras. Pero esa comprensión no siempre les aliviaba la culpa y la impotencia por no poder reparar el daño hecho.

Pese a ello el grupo estaba lleno de motivaciones e incluso de esperanzas, aún cuando tuvieran largas condenas. Algunos no recibían casi nunca visitas de familiares, otros regularmente las recibían, la mayoría tenía hijos de diversas edades, algunos habían nacido estando ellos en la cárcel.

Pese a los evidentes beneficios del régimen semiabierto en que permanecen sufrían diversos problemas. Algunos enfermos no recibían atención. Un joven llevaba dos años con el pie fracturado e hinchado, otros tenían infecciones dentales, un anciano de unos ochenta años mendigaba sentado en uno de los pasillos.

Se quejaban del seguimiento inadecuado de los casos. Uno de ellos, debía salir en marzo por una condena de seis meses emitida en el 2010, y ahora la condena inexplicablemente había sido extendida por cinco años más. Llorando, nos contó que su hija acababa de morir asesinada y no pudo asistir a su funeral.

El grupo pedía mejoría en las políticas penitenciarias, especialmente en el seguimiento adecuado de los expedientes, y que continuara y se ampliara la atención recibida por los especialistas que les visitan. Hablaron incluso de formarse ellos mismos como multiplicadores de esas capacitaciones con otros reos. Uno comentó que si hubiesen sabido antes todo lo que han aprendido en las capacitaciones no habrían caído presos, y demandaron transmitir en las escuelas este tipo de enseñanzas.

Relataron que antes se avergonzaban de llorar y lo hacían en sus cuartos, cuando nadie les veía, pero ahora no temían hacerlo frente a los demás, expresaban libremente sus sentimientos y se apoyaban unos a otros. Espontáneamente, protagonizaron un sociodrama sobre cómo el machismo destruye la vida de los hombres y las relaciones familiares y cómo el cambio en esas mentalidades puede hacer la gran diferencia.

Francisco, uno de ellos, expresó: “tengo once años de estar aquí y dos de participar en el proyecto, me di cuenta de que me estaba convirtiendo de lo que venía huyendo, la imagen de mi padre, que era muy violento. Ahora no me veo a mí mismo como antes. Es tiempo de construir y de que otros comiencen a obtener la claridad sobre estos temas del machismo”.

 

* Directora, Centro de Prevención de la Violencia, CEPREV