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El 14 de abril de 1865, Abraham Lincoln, el decimosexto Presidente de los Estados Unidos y el primero por el Partido Republicano, sufrió un atentado perpetrado por John Wilkes Booth, falleciendo un día después, a la edad de 56 años. Su asesinato fue el primer magnicidio en Estados Unidos. Según evidencias era ferviente lector del The New York Tribune. En su campaña electoral para la presidencia de Estados Unidos, invitó a varios inmigrantes alemanes a integrarse a su equipo.

Como congresista, representante de la ciudadanía de Springfield en el Estado de Illinois, apoyó los movimientos revolucionarios que acaecían en Europa, especialmente en Hungría, firmando documentos en pro de los mismos. Su conocimiento de las tradiciones revolucionarias existentes en aquel periodo, fue fruto de sus simpatías con el movimiento obrero internacional y sus instituciones. Animó a los trabajadores a organizar y establecer sindicatos, siendo nombrado Miembro Honorario por varios grupos sindicales.

Inmigrantes alemanes (conocidos como Republicanos Rojos), posteriormente lucharon con las tropas federales en la Guerra Civil, dirigidos por el presidente Lincoln. The New York Tribune, incluyó gran número de activistas alemanes que habían huido de las persecuciones ocurridas. El país vivía momentos de gran agitación, con un naciente movimiento obrero que cuestionaba el imperante orden económico.

Horace Greeley, uno de los fundadores del Partido Republicano (1854), director del New York Tribune, el periódico más influyente de los Estados Unidos (1840 a 1870), lo usó para promover y defender políticas reformistas como el abolicionismo. En la Guerra de Secesión (American Civil War) apoyó radicalmente a los estados del Norte frente a los del Sur, y la carrera política de Lincoln, aconsejándole postularse a la presidencia del país.

Durante su campaña electoral promovió la postura en contra de la esclavitud explicitando que la liberación permitiría a los trabajadores exigir salarios que les permitiesen vivir decentemente y con dignidad, ayudando con ello a un aumento salarial que incluyera tanto negros como blancos.

Marx y Engels escribieron sobre la campaña electoral de Lincoln, en un momento en que ambos preparaban la Primera Internacional del Movimiento Obrero. En las sesiones, propusieron a la Internacional que enviara una carta al presidente felicitándolo por su actitud y posición. En ella elogiaban al pueblo de Estados Unidos y a su presidente por acabar con la esclavitud, favorecer la liberación de la clase trabajadora estadounidense y mundial.

Lincoln, agradeciendo la nota, respondió cordialmente que valoraba el apoyo de los trabajadores del mundo, lo que creó gran alarma entre los establishments económicos, financieros y políticos a ambos lados del Atlántico.

El dirigente socialista estadounidense Eugene Victor Debs, en su propia campaña electoral, señaló: “Lincoln había sido un revolucionario y por paradójico que pudiera parecer, el Partido Republicando había tenido en sus orígenes una tonalidad roja”.

Para entender a Lincoln había que entender el periodo y contexto en los que él vivió. No era un marxista y no intentaba eliminar el capitalismo, sino corregir el enorme desequilibrio preponderante que campeaba entre el capital y el trabajo. Indudablemente, fue influenciado por Marx y otros pensadores socialistas con quienes compartió sus deseos inmediatos, simpatizando con ellos, llevando su postura a altos niveles de radicalismo en su compromiso democrático.

Lincoln fue una persona compleja con muchos claroscuros, pero las simpatías están escritas y bien definidas en sus discursos. Los intensos debates ocurridos en las izquierdas europeas se reproducían también en los círculos progresistas de EU. Su mayor influencia fue la de los socialistas utópicos alemanes, muchos de los cuales se refugiaron en Illinois huyendo de la represión europea.

Su famosa frase se convirtió en el espléndido eslogan democrático más conocido en el mundo “Democracy for the people, of the people and by the people”. Esta señala la imposibilidad de tener una democracia del pueblo y para el pueblo sin que sea realizada y llevada a cabo por el mismo pueblo. De ahí deviene la liberación de los esclavos y del mundo del trabajo como elementos esenciales de tal democratización.

El clima intelectual estadounidense aún está estancado en la Guerra Fría que lo empobrece. “Socialismo” es un concepto que continúa siendo mal visto en los círculos del establishment cultural de aquel país. La hiriente paradoja de la historia es que el Partido Republicano se convirtió en el más agresivo instrumento político actualmente vigente al servicio del capital.

 

* Diplomático, jurista, y politólogo