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Corea del Norte

 

¿Cómo la humanidad ha llegado, ahora, a este riesgo tan grave de una posible guerra nuclear en Corea, después del último conflicto de peligro similar, hace 50 años?

Quizás, resulte indispensable recordar el desarrollo de la crisis de los misiles en Cuba, para comprender, por alguna analogía política, la naturaleza y la posible evolución de la crisis actual en la península de Corea.

En 1962, Estados Unidos pretendía invadir Cuba con tropas del ejército norteamericano. La Unión Soviética detectó la invasión inminente y propuso a Cuba la instalación en la isla de misiles capaces de llevar cabezas nucleares, y con la posibilidad de alcanzar a Estados Unidos. Los servicios de inteligencia norteamericanos descubrieron los misiles en suelo cubano y, antes de que concluyese su instalación operativa, Washington hizo un bloqueo naval a la isla, y amenazó con hundir los buques soviéticos que intentaran llegar a Cuba.

La alerta militar llegó al nivel más crítico jamás alcanzado, DEFCON 2, que es el nivel inmediato inferior al máximo (el siguiente nivel crítico, DEFCON 1, autorizaría el uso de armas nucleares ante un riesgo militar inminente).

Los buques soviéticos detuvieron su marcha antes de llegar a las aguas cubanas. Y, a espaldas de Fidel, ambas superpotencias negociaron un acuerdo propuesto por los soviéticos. La Unión Soviética retiraría los misiles de Cuba, y Estados Unidos retiraría sus misiles de Turquía y se comprometía a no invadir ni apoyar invasión alguna contra Cuba.

Este incidente, puso de manifiesto que Cuba fue utilizada por la Unión Soviética como una ficha del ajedrez geopolítico, para cambiar la correlación de fuerzas en el despliegue de armas militares estratégicas. De paso, como buen jugador, Krushchev previno, también, la inminente invasión militar de Estados Unidos a la isla.

En el incidente actual, la ficha clave del ajedrez geopolítico se mueve por sí sola. Por ello, en este caso, fuera del marco de la guerra fría, el nivel de alerta militar de Estados Unidos es de DEFCON 4 (apenas un grado más crítico que el nivel de paz, DEFCON 5).

Un ataque nuclear iniciado por Corea del Norte, significaría su destrucción. Esta reflexión, por tanto, supone una toma de decisiones racionales de Kim Jong-un, y le quita incertidumbre al escenario bélico. Entonces, habrá que individualizar el objetivo interno y externo de Pyongyang, que le lleva a propiciar una negociación extrema.

Para que esta negociación “al borde del abismo” (con un enfrentamiento catastrófico suspenso de un hilo) tenga algún resultado, Corea del Norte necesita que la tensión llegue a un nivel que todas las superpotencias del Este asiático consideren grave, y que intervengan, en propio interés, en un realineamiento negociador con variadas metas; en vista que la destrucción de Corea del Norte debilitaría la posición geopolítica de Rusia y China, y los efectos de una guerra nuclear les alcanzaría a todos (obligándoles, incluso, a un ulterior y costoso programa armamentista).

Por ello, pese a la hambruna que golpeó a 6 millones de personas, en 2010, Pyongyang continuó con su programa nuclear, como plan estratégico para conseguir los mayores beneficios en un nuevo acuerdo hexapartito, negociado al límite.

Resultan vitales los tiempos con que todas las partes, que enfrentan el problema, logren desactivar una amenaza donde todos pierden. De modo, que aunque se alcancen las distintas metas posibles, en última instancia, la solución esencial tendría que favorecer a Pyongyang.

La reanudación de las maniobras militares conjuntas de Estados Unidos y Corea del Sur, y las sanciones de la ONU, han servido de pretexto para crear este grave escenario conflictivo, que debería conducir a una nueva ronda de negociación.

Dado que el desarrollo de misiles, con alcance de 1300 kilómetros, en grado de llevar cabezas nucleares, tiene un relativo peso estratégico propio, Pyongyang ha mostrado entre sus cartas, sus recientes éxitos balísticos, con el fin de obtener, con el apoyo de Rusia y China, un mayor respeto y una mayor tolerancia a su régimen, ayuda económica y relaciones comerciales más ventajosas. Esta vez, Kim Jong-un jugaría su mano como potencia nuclear incipiente. Posponiendo, a la vez, una probable implosión interna reformadora, si supera el estancamiento económico y se consolida como nuevo gobernante, con algún éxito tangible.

Sin embargo, pese a cualquier posible beneficio político militar circunstancial, el elemento esencial es que el régimen burocrático y absolutista de Kim Jong-un viene, objetivamente, socavado por la historia, tanto si se estanca, como si avanza económicamente.

 

* Ingeniero eléctrico