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Querido Francisco:

 

Hace tiempo comencé a dudar de que el Espíritu Santo dejara de influir en las elecciones del Papado. Es sabido las luchas cardenalicias, de algunas órdenes religiosas, hasta de instituciones laicales. Al Concilio Vaticano II y a Aparecida fueron traicionados. Te toca Francisco echarlas a andar.

Con tu llegada respiré, te confieso que creo que el Espíritu Santo te escogió para bendición de esta Iglesia que necesita ser renovada, volver a la fundada por nuestro hermano Jesús.

Me dolió muchísimo ver las reuniones y desfile del Colegio Cardenalicio, las riquezas, las ostentaciones, traté de imaginar a Jesús entre ellos, en ese espectáculo, ¡imposible!, cerraba mis ojos, tener fe, es la Iglesia que se ha distanciado de sus raíces.

Luchas internas, alianza con el poder político, tenemos diplomáticos en las naciones como si fuésemos un Estado más, es acaso la Iglesia que Jesús, en su entrega por este mundo, humanizando lo Divino, acercándose a las prostitutas, a los pobres, a los miserables, a los enfermos, a los humillados, jamás pensó, y ni siquiera imaginó tanto poder eclesiástico.

El Hombre de sandalias, sin mitra, sin báculo, sin cruces de oro y anillos relucientes. Ese fracasado en la cruz y triunfante en la Resurrección, qué sentido le daría hoy a todo ello. Iglesia que ha sido incapaz, Iglesia que todos amamos, laicos, sacerdotes, cardenales, lancemos al mundo a todos los hermanos y hermanas de la tierra, a todas las diferentes religiones el grito del arrepentimiento, de dolor, del perdón por una Iglesia Santa que se alejó de ese Cristo, hermano de todos.

Ese Cristo que nos habla de amor, de la entrega por los demás, la entrega hacia los pobres, enfermos, los necesitados de la tierra, a renovar el mundo de su Padre, haciendo FELIZ a toda la humanidad, entre lo divino y lo humano. Fue crucificado por ello y poco habló del pecado, porque su AMOR es para todos los hombres y mujeres; entrega hacia el Reino de Dios, su construcción en este mundo.

Francisco hermano, lo tenemos difícil, el laicado tiene que ser respetado y cristianizado, no somos los casados la tropa de Cristo, como lo califica “Camino”, siendo los cebiles la élite. Sin el laicado no tienen sentido los sacerdotes, obispos y Papa y esas tristes luchas internas de las instituciones eclesiásticas, luchas por el poder religioso, hasta por el poder político. Nicaragua sabe algo de ello.

El laico no está destinado solo a hacer de monaguillo, no solo puede ser carnada de los pederastas sacerdotes. Lamentable y triste espectáculo mundial. Valiente tu prohibición hacia un Cardenal de que no entrase a una Iglesia que tú visitasteis en Roma, por ser encubridor de más de mil casos de niños víctimas de los curas pedófilos.

Pide con fuerza, con fe, con tu humildad y serenidad. Fuiste tocado por el Espíritu Santo y llamado por Dios Padre, unido a su HIJO, ese HOMBRE DIVINO, crucificado, que fundó la Iglesia. PIDE al mundo, unidos todos como comunidad santa, el PERDON por habernos distanciado del origen, de las raíces que fundó Cristo.

Que precioso fue oírte el llamado a tus hermanos argentinos: “recen por mí y no vengan a Roma, es caro el pasaje, empléenlo por la Iglesia de los pobres, a los necesitados, que son los predilectos de Jesús”. Buen uso del dinero, “el estiércol del diablo” lo llamó Papini. ¿Sería ese diablo que penetró en el banco del Vaticano? Otro perdón que pedir con valentía de Jesús.

Hermano Francisco, Representante de Dios en nuestra Iglesia, ¿puedo pedirte, en justicia, un favor?: Canoniza al Obispo que ya el pueblo latinoamericano y europeo lo ha hecho, al mártir Monseñor Romero, casi de tu edad, lo asesinaron por denunciar la matanza de los pobres. Tal vez cierto sector de la Iglesia no lo desea por quedar bien políticamente y prefirieron canonizar a los quince años de su muerte, a Escrivá de Balaguer, muy unidos a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, que condenaron a muchos Teólogos de la Liberación y a Monseñor Casaldáliga, que llevaba en su pecho de Obispo una cruz de madera, que nunca tú la dejes de usar, un báculo de palo y un anillo de madera.

Te pido perdón por señalar ciertas cosas de nuestra Iglesia, también puede ser pecadora, como lo somos todos. ¡Qué hermoso y cristiano el desnudar el alma! Tú, hermano Francisco, Papa por el Espíritu Santo, que no te tiemble la mano, el reto de devolver a Cristo su Iglesia SANTA, DIVINA y entrega total por los pobres, por el sufrimiento, los humillados, enfermos, prostitutas, ellos son los amados por Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, nuestro mundo será diferente. El mundo Humano y Divino del Cristo Resucitado.

Un abrazo fraternal Francisco, con amor de Cristo y sin protocolo.

 

Bluefields, 19 marzo 2013