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El programa de rescate por 10,000 millones de euros acordado para Chipre en la madrugada del lunes 25 de marzo de 2013 representa un nuevo modelo para resolver problemas bancarios en los países de la Eurozona, que podría ser aplicado a otros países que tengan necesidad de reestructurar sus sectores bancarios.

El Acuerdo negociado por Chipre con la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, contempla cerrar su segundo banco más grande y trasladar los depósitos asegurados de la institución -aquellos hasta por 100,000 euros- al Banco de Chipre, el mayor prestamista de la isla.

Conforme a las reglas de la UE, los depósitos que sobrepasan 100,000 euros no están asegurados por los FOGADEs (Fondos de Garantía a los Depósitos) de los países miembros.

Los depositantes no asegurados del Banco de Chipre mantendrán congeladas sus cuentas mientras el banco es reestructurado y recapitalizado. Cualquier capital necesario para reforzar al prestamista se tomará de esas cuentas, para cubrir parte del costo del rescate.

Desafortunadamente, la penalización a los depositantes no asegurados por el FOGADE chipriota hará que otros depositantes, que a nivel mundial están en la misma situación, tomen conciencia del riesgo que corren sus fondos, obligándoles a reducir sus depósitos, lo cual desestimulará el ahorro.

El ajuste de los depositantes para proteger sus depósitos bancarios no asegurados será mucho más desestimulante y burocrático en aquellos países que tienen FOGADEs con coberturas muy bajas, como Nicaragua.

En la negociación con Chipre se aplicó un enfoque que se conoce como “Bail-In”: accionistas y tenedores de bonos bancarios son forzados a compartir los costes de la reestructuración; luego se acude a los depósitos no garantizados para aplicarles una contribución obligatoria.

Si el enfoque chipriota se aplica a los rescates bancarios en el futuro, tal decisión significará la “muerte” de un plan desarrollado hace nueve meses cuando la crisis de deuda de la Eurozona amenazaba con hacer colapsar al bloque. Ese plan contemplaba la posibilidad de recapitalizar a los bancos directamente, poniendo fin al vínculo entre bancos en apuros y gobiernos en problemas.

Uno de los mayores pasos dado por la Eurozona en los últimos tres años fue la creación de un mecanismo de rescate con garantías y pagos en capital que totaliza hasta 700,000 millones de euros, conocido como Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE).

La expectativa era que el MEDE tuviera la autoridad para recapitalizar directamente a los bancos de la Eurozona en problemas a partir de mediados del 2014, cuando el BCE tenga supervisión completa de todos los bancos de la región.

El objetivo de la recapitalización directa y del MEDE era romper con el vínculo tóxico entre los gobiernos endeudados y sus sectores bancarios en problemas. Ahora, con el enfoque Chipriota a los rescates, se espera que el MEDE no tenga que ser empleado.

Bajo el enfoque chipriota, para países de la Eurozona con sectores bancarios altamente apalancados, como Luxemburgo, Malta y Eslovenia, sus respectivos gobiernos deben encargarse de reducir el tamaño de sus bancos a la mayor brevedad posible, antes de que surja un problema real.

Nosotros compartimos la opinión de que los gobiernos de esos países deben fortalecer sus bancos, sanear sus hojas de balance y tener claro que si uno de sus bancos está en problemas, la respuesta ya no será automáticamente un rescate tipo ¨Bail-Out¨.

También, compartimos la opinión del Presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, de que a pesar del Acuerdo alcanzado con Chipre, es difícil predecir el futuro económico del país. La UE espera que el programa acordado funcione, pero no puede decirse con exactitud el impacto que va a tener. Todo dependerá del nivel de aplicación y del compromiso de Chipre.

 

* Economista