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Históricamente los documentos/versiones/posturas oficiales en los estados/sociedades han recogido el pensamiento de los grupos de poder y hay que reconocer que están significativamente integrados por hombres. Los movimientos de mujeres desde hace aproximadamente tres siglos han luchado por ampliar sus derechos, sus ciudadanías y oportunidades, sin embargo no ha sido fácil y los logros de los que muchas gozamos, aunque no todas, implicaron sacrificios, tensiones y rebeldía.

La historia de los movimientos de mujeres contiene luchas y demandas que casi nunca han gustado o han sido aceptadas por los hombres en general y sobre todo por aquellos que se manejan en los grupos de poder, a los cuales no les interesa abandonar el asiento de privilegios y les molesta que las mujeres problematicen temas como derechos sexuales, reproductivos, violencia sexual, igualdad, justicia social, masculinidad, en fin, no les interesa que la escala de valores que históricamente caracterizan a la clase política sea cuestionada y señalada.

Tanto en la reforma liberal, capitalismo, socialismo, derecha o izquierda; las mujeres no la han tenido fácil, sobre todo cuando quieren trascender el mero dato estadístico, o la mera evidencia formal de afiliación a partidos, de militancia, de participación presencial, de asistencia puntual o de porcentaje que cumpla con una demanda de igualdad de género.

Los procesos de cuestionamiento y transformación social en las relaciones humanas no solo se alimentan de lo concreto/práctico, sino que deben atender las relaciones sociales, los modelos de familia, la educación, la socialización, las libertades individuales/colectivas, el espinoso tema de la autonomía, la equitativa distribución del poder, sobre todo aquel referido a tomar decisiones de la vida propia y de las relaciones sociales.

Por parte del capitalismo se minimiza la situación de desigualdad a elementos de carácter económico, por parte de la derecha las propuestas de cambio que las mujeres han propuesto son combatidas con la tradición, la moral y la religión; por parte del socialismo/comunismo/anarquismo, las propuestas de las mujeres han sido vistas como sospechosas y divisionistas, y como preocupaciones secundarias en el mejor de los casos, sobre todo cuando las comparan con urgencias tales como el imperialismo/capitalismo, la lucha contra la oligarquía, reformas económicas/estatales.

La violencia sexual, por ejemplo, de la cual la mayoría de víctimas son mujeres alrededor del mundo, no es prioridad para el discurso oficial que define necesidades nacionales, porque son hombres los principales tomadores de decisiones en las asambleas/ reuniones a puertas cerradas. Su interés radica en defender sus beneficios, cargos, bancada, partido, y no lo contrario.

Las estructuras de poder han digerido el discurso del famoso enfoque de género; ahora hablan de 50-50, mientras las mujeres siguen desarrollando menos autonomía en las estructuras de partidos e instituciones que los hombres. La desigualdad es un asunto construido, no es natural; a los hombres se les ha permitido mayor desarrollo de gestión de su palabra, de sus decisiones y necesidades; y eso se refleja en la política, en la distribución del poder, en el rango de acción que cada persona refleje en su accionar público a nivel político/económico/social.

 

* Antropóloga social