•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Fíjense bien. De eso se trata, como una sombra…, o una obsesión. La traición en sus múltiples formas le persigue, o él la persigue en su último libro de relatos, Flores Oscuras.

La primera traición es a uno mismo, como cuando un juez se sienta a tomar una cerveza con su propia conciencia y le consulta si debe aceptar o no la mordida por liberar a un narco preso y enfermo. Es el primer relato del libro que se lee con la música de fondo de Keyla Rodríguez. Su título: “Adán y Eva”.

La segunda traición es la de un país entero cuando olvida a los que se jugaron la vida y los sueños en una revolución perdida, como se narra en el triste final de un héroe del asalto al Palacio Nacional. Al cabo de los años, un adolescente le asesina con una bayoneta en un pleito de cantina; o también como los dos antiguos compañeros de armas que apenas se reconocen, degradados uno por el poder, y otro por la miseria.

La tercera traición es la de la memoria y el tiempo, como cuando el propio autor regresa al instante congelado de una fotografía familiar, y hace que las personas y las cosas empiecen a moverse con la cotidianeidad de entonces, cuando era niño, en un día cualquiera en su casa de Masatepe, a la manera de una de sus mejores novelas, Un baile de máscaras. Ese relato se titula “No me vayan a haber dejado solo”, y les sugiero que sigan al niño que fue Sergio hasta el final del mismo, preguntando por toda la casa, que se ha quedado vacía de repente, por su hermano Rogelio y su hermana Luisa, la María Alborada y todos sus ausentes.

La cuarta traición es la de la indiferencia, que a veces es cómplice de un crimen. Como la que sufrió Natividad Canda, el joven de Chinandega que unos perros Rottweiler mordieron hasta la muerte en Costa Rica, sin que ninguno de los testigos hiciera nada por evitarlo. Un caso que quedó en la memoria colectiva de todos los nicaragüenses. Sergio se acerca desde el enfoque periodístico con mucho respeto a los detalles reales que nos dejan en el alma las últimas palabras que pronunció Natividad, pidiendo una cobija porque se estaba muriendo de frío, otra forma de la traición. Y para que se olvide menos, dejó en el relato el recuerdo de ese crimen en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=YKrqZpD6VmI

La última de las traiciones, con la que se cierra el libro, es el reverso de la primera: la traición al amigo. Esta vez, el narrador se encuentra en un museo de Milán con un tipo que personifica a Judas, un ser sin tiempo que revisa a través de la obra de grandes pintores cómo se ha interpretado su papel de traidor. Judas trata de excusarse reivindicando la necesidad de su intervención para cumplir el plan divino de la Pasión de Jesús.

Hay otros temas en los doce relatos del libro. Póngale nota a cada uno, pero al final verán que todos pasan la prueba al cumplir con el primer mandamiento del cineasta Billy Wilder, que Sergio se repite a la hora de escribir: “no aburrirás”, demostrando que el relato, con el permiso de sus novelas Castigo divino o Margarita, es su verdadera patria de escritor, a la que siempre vuelve.

Es inevitable que algunos de estos relatos se queden un tiempo en la memoria. Cuando la realidad se olvida, la literatura vuelve a ella para reivindicar a quienes murieron de frío, traicionados por la historia, por un país, o por otros seres humanos.

 

sanchomas@gmail.com