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Los vemos en las manos de chicos y grandes, ya sea para presumir, estar chateando mientras se está con los amigos, en los centros de estudios, en las oficinas, en los lugares de recreación, en los hogares; se encuentran en todos lados, vienen en diferentes tamaños, marcas y colores. Me refiero a los Smartphones; teléfonos celulares con características de una computadora personal, a los cuales se les puede instalar un sinnúmero de aplicaciones que aumentan su funcionalidad.

Pueden incluir pantalla táctil, lápiz óptico, mini teclado, servicios de acceso a Internet, cámara, reproductores de música etc. El primer Smartphone fue “Simón”, de IBM, lanzado al mercado por la compañía BellSouth en 1993. Este teléfono contenía calendario, reloj, libreta de direcciones, e-mail, juegos, calculadora, envío y recepción de fax. No poseía botones, solo una pantalla táctil.

Múltiples Smartphones se lanzaron en años posteriores, pero fue hasta el año 2002 que se comenzaron a hacer populares cuando Microsoft anunció el lanzamiento de su sistema operativo para móviles “Microsoft Windows Powered Smartphone 2002”.

Desde hace algunos años, las compañías que brindan el servicio de telefonía celular en Nicaragua han venido introduciendo al mercado teléfonos inteligentes o Smartphones cada vez más potentes.

Ya han quedado atrás aquellos tiempos en que el tener teléfono de pequeñas dimensiones era símbolo de estatus social; hoy en día son los Smartphone, de mayor tamaño pero con menor espesor. Se han convertido en el nuevo parámetro de estatus, es decir, lo que está inn. Tanto así, algunas personas que tienen un teléfono “chiclero”, por así decirlo, sienten cierta incomodidad al responder una llamada enfrente de amigos o conocidos que poseen teléfonos inteligentes.

Los Smartphones, si bien nos hacen la vida un poco menos complicada, con el uso excesivo han venido a convertirse en una barrera para la comunicación interpersonal. Recuerdo un caso particular en el que compartiendo con algunas amistades en un restaurante capitalino me percaté que en la mesa de enfrente había tres personas sentadas, las tres inmersas con sus teléfonos, apenas conversando entre ellas, absortas posiblemente en quién posteó en su muro de Facebook, o chateando con alguien, que asumo perfectamente pudo haber sido invitado a departir esa noche.

Es realmente preocupante cómo la adicción a los Smartphones ha hecho incapaces a algunas personas de compartir en su grupo social, sin tener que estar constantemente revisando su teléfono; similar a un fumador empedernido que no puede estar tranquilo sin su dosis de nicotina.

Si bien los teléfonos inteligentes son de gran ayuda para nuestra vida diaria, poseer uno de estos dispositivos no debe de convertirnos en entes autómatas y mal educados incapaces de disfrutar de la compañía de los demás, sin tener que estar pendientes o inmersos en el mundo de las diversas opciones de interacción superficial que ofrecen los celulares inteligentes.

 

* Consultor internacional