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Un simple mosquito no iba a poder con él. Y menos en la semana de las elecciones presidenciales. Aunque se trate del mismísimo insecto del dengue, el que ha provocado en Paraguay la muerte de más de 45 personas en los últimos cuatro meses. Y aunque la gente de mayor riesgo sean los ancianos y él tenga 84 años.

El Pa’í -padrecito en guaraní- Oliva, el jesuita sevillano Francisco de Paula Oliva, tiene la piel dura. Sobrevivió cinco años a la dictadura del general paraguayo Alfredo Stroessner (1954-1989), superó la noche de octubre de 1969 en que el jefe del Departamento de Investigaciones de la policía ordenó que lo echaran al río, vadeó sus nueve años de exilio en Argentina, y los dos primeros años del régimen militar.

Decía que aquella dictadura (1976-1983) era “más científica, con muchísima más crueldad” que la de Paraguay. Estuvo vigilado en Argentina, permaneció escondido durante semanas, mataron a dos de sus colaboradores más cercanos y salió con vida de milagro. Allí conoció al actual Papa, el también jesuita Jorge Mario Bergoglio.

“¿Qué piensa que dejará usted como herencia en Paraguay?”, le preguntamos. “Dejaré el ejemplo de una persona que luchó contra las injusticias y la desigualdad".

Eso es mucho en Paraguay. Sus colaboradores le vienen diciendo últimamente que necesita descansar. Pero él les contesta que un jesuita nunca descansa.

 

* Periodista