•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Incorporado como el cimiento de su vocabulario ideológico, USA y sus socios imperiales (sobre todo, la Unión Europea e Israel) han utilizado el concepto envilecido de democracia para asignarle legitimidad a sus más perversas acciones de dominación (sus guerras coloniales genocidas, sus espeluznantes violaciones de los derechos humanos, sus operaciones sistemáticas de limpiezas étnicas, etc.).

José Saramago, ese faro de lucidez que fue, y aún fallecido sigue siéndolo en la perennidad de su obra, cuando escuchaba esta retórica cínica formulaba una pregunta: Pero… ¿cuál democracia? En efecto, en los países del capitalismo central nunca hubo (ni siquiera en su mejor época, la de los años del capitalismo dorado posteriores a la segunda guerra mundial), un gobierno del pueblo. Mucho menos en la era del capitalismo neoliberal, cuando el sistema político liberal burgués sufre una crisis estructural que apesta a podredumbre y chorrea sangre.

En los modelos políticos del Norte la teoría de la representación está colapsada. El vínculo entre representantes y representados está bloqueado por las oligarquías económicas que controlan los aparatos financieros de los partidos y sus campañas; que han montado un sistema permanente de sobornos a los representantes (eso que llaman lobbies); y que gracias a su propiedad sobre los grandes oligopolios mediáticos manipulan y embrutecen a las masas, les mienten y escamotean lo esencial de su realidad. Degradan sus instintos, sus gustos, y las convierten en marionetas amnésicas y deshumanizadas.

Tanto en USA como en la Unión Europea el poder político (que no necesariamente es lo mismo que el gobierno), lo controlan las corporaciones oligopólicas transnacionales, subordinadas a la racionalidad del complejo especulativo - financiero que adquiere un perfil cada vez más gansteril (los “banksters”). Los gobiernos juegan el papel de vulgares lacayos de las oligarquías económicas.

En ningún país del Norte funciona el cacareado principio del liberalismo político sobre la división e independencia normativa de los poderes (ejecutivo, legislativo, judicial y electoral). Si no pregúntenle al juez español Garzón en España que quiso investigar la impunidad de los crímenes del Franquismo, e inmediatamente lo sacaron del juego. O a Berlusconi en Italia que ha birlado decenas de juicios (desde asociación mafiosa hasta abuso y perversión de menores), y sigue tan campante como protagonista estrella en la política italiana. O a G. W. Bush que ganó su primera campaña presidencial mediante un fraude en Miami legalizado por la Corte Suprema. O al banco HSBS que lavó y sigue lavando dinero de los narcos mexicanos, y continúa en la lista de empresas “respetables” en el mundo de las finanzas.

Sobre la base de un principio fundacional, que es el de la defensa de la soberanía y autodeterminación de nuestros pueblos, aquí hay que observar, aprender y procesar experiencias como: la propuesta/acción de los caracoles zapatistas en Chiapas, y la estructuración de un nuevo poder desde abajo mediante una participación y control democrático cotidiano que responde al principio de “mandar obedeciendo”. Los aportes del demonizado Hugo Chávez (“dictador populista”, “caudillo autócrata”, etc., Sergio Ramírez, Carlos Fernando, Mundo Jarquín, Onofre, dixit) con la creación de los consejos comunales, su renovador modelo constitucional, y su propuesta/acción de la integración latinoamericana y caribeña como fortaleza para detener la dominación imperial. Algunos elementos de la experiencia política cubana, como sus procesos electorales que no dependen de aparatos financieros, la auténtica democracia del Partido Comunista Cubano, la extensión y operatividad de las organizaciones de base en la sociedad, la lucha consecuente contra el racismo heredado de la colonia, la coherencia ética de su liderazgo histórico (Fidel y Raúl). Los experimentos y sistematizaciones de los presupuestos participativos en municipios de Brasil y otros países de América del Sur. Las luchas de Rafael Correa y Cristina Fernández por democratizar el acceso de los pueblos a una información veraz y responsable, y a una libertad para expresarse que no sea un monopolio de las élites. La sobriedad y sencillez del liderazgo de Evo y su reivindicación de las tradiciones positivas de las comunidades indígenas.

La democracia como el socialismo tenemos que construirlos desde nuestra vivencia de dominados del Sur, extirpando de nuestras almas todas las lacras heredadas de la obsecuencia colonial.

 

* Científico social