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He escuchado a algunos amigos expresarse mal de la Ley 779, Ley Integral Contra la Violencia hacia las Mujeres, señalando que es una ley draconiana y parcializada a favor de la mujer. Les he contestado que tienen toda la razón y, precisamente por eso, por su excesiva severidad y por favorecer a la mujer, es que la Ley 779 es una ley justa y necesaria, en el medio sociocultural como el nuestro, caracterizado por la discriminación y violencia que sufre la mujer en sus relaciones interpersonales en el ámbito familiar, como en el ámbito público.

La Ley 779 es una ley justa porque realiza el Principio de la Equidad, principio fundamental del Derecho, válido para el legislador y para el juez. Se entiende por equidad la justicia que se ajusta o ciñe a la naturaleza de las cosas, a las particularidades específicas o situaciones concretas de la realidad y, de conformidad con ello resuelve lo pertinente. (García Maynez, “Filosofía del Derecho”)

La Ley 779 es una ley autónoma, de carácter específico, que cumple el objetivo de frenar la desigualdad y violencia de que es víctima la mujer, desigualdad y violencia que no habían podido reducir las leyes anteriores, debido a su generalidad. La Ley 779 es también una Ley de Justicia Rectificadora, por cuanto rectifica o corrige lo que debe ser rectificado o corregido, por ser contrario a la igualdad.

La Ley 779 establece disposiciones que favorecen el desarrollo y bienestar de la mujer, para contrarrestar el daño que le causa la discriminación y la violencia, y asegurar su igualdad en el sistema de relaciones interpersonales.

La Ley 779 es una ley justa y necesaria que protege a la mujer que vive bajo nuestro modelo histórico de familia patriarcal y cultura machista, que destierran a la mujer a la cocina, al cuido de los hijos y a servir y aguantar al hombre de la casa, debiendo, además, limitar sus relaciones de amistad con los hombres, las que generalmente son mal interpretadas por el machismo de su compañero de vida.

Durante muchos siglos, la vida de la mujer se ha visto limitada al círculo familiar; y su seguridad ha dependido del amor que le tiene el hombre de la casa, viéndose obligada a soportarlo, para no quedar abandonada y en la miseria. Su miedo básico, como señala Freud, (“Psicología de las Mujeres”) es perder el amor. Por eso le angustian los años que pasan, y ve los años maduros como la época de la decadencia, donde corre el peligro, frecuente en nuestra sociedad, de que el hombre la abandone por una mujer más joven.

Nuestra cultura impone a la mujer reprimir su cólera, tolerar la libertad sexual del hombre y limitar su propia sexualidad a los casos en que es requerida por su compañero de vida. Esto en el mejor escenario, para no tener que referirnos a situaciones frecuentes de hombres borrachos y brutales que castigan, golpean, lesionan a sus mujeres y violan a sus hijas. No es necesario ser psicólogo para comprender los sentimientos de inferioridad que la discriminación causa a la mujer, sentimientos injustificados de minusvalía que limitan su desarrollo personal y sus planes futuros de vida.

La ley 779 es un muro protector, que defiende y rescata la dignidad de la mujer frente a todas esas infamias que sufre en el hogar y en la vida pública, fortaleciendo la confianza y seguridad de la mujer en sí misma y revindicando su derecho a la igualdad y al respeto que merece todo ser humano.

* Psicólogo. Orden Mariano Fiallos Gil del Consejo Nacional de Universidades. Doctor Honoris Causa UNAN–Managua.