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Seguro que ustedes recuerdan cuando comenzaba a hablarse, allá por 1995, de la posibilidad de disponer de una nueva herramienta de trabajo y de ocio llamada ordenador; bastante útil y fácil de asimilar. Sí, aquellos eran los años del Windows 95 y del Internet de 56K que nos permitía navegar por Internet aunque fuera a un precio poco económico y contactar con cualquier persona del mundo que no conocíamos a través de un chat a tiempo real, algo que parecía completamente increíble, como si nos estuviéramos comunicando con los extraterrestres.

Creo que tampoco han olvidado cuando en 1999 se comenzaba a hablar de la posibilidad de descargar música gratis por Internet, simplemente para compartirla con otros usuarios de aquel famoso Napster, que aunque fuese llevado a juicio por la demanda de varias discográficas, sería relevado por otros software como Ares, eMule, Kazaa o Audiogalaxy.

Desde hace tan pocos años, cuando algo tan simple parecía un mundo nuevo, la actualidad presente ha convertido algo básico en algo ampliamente desarrollando, útil, exigible de conocer en la totalidad de los trabajos, y para algunos en una obsesión.

El estudiante acude a clase con su laptop, donde toma notas de lo que dicta el profesor, donde lee los apuntes que le ha cedido su escuela o universidad, y hace cualquier operación matemática con su ordenador; prescindiendo así de la calculadora o del bolígrafo y el papel en la mayoría de las ocasiones.

Antes era necesario acercarse al banco a actualizar la cartilla y conocer los últimos movimientos de nuestra cuenta de ahorros, después aparecía una tarjeta de crédito que solo nos exigía desplazarnos al cajero, evitando colas, pero ahora basta con entrar a la web del banco y consultarlo. El oficinista tenía que clasificar grandes cantidades de papeles y buscar documentos en aquellos armarios llenos de carpetas con los archivos en papel que era necesario mirar, pero ahora puede hacerlo con acceder en su computadora a un programa que se los busca automáticamente.

Llamar por teléfono a otros países ha sido siempre algo de gran coste que preferíamos reservarlo para momentos de especial importancia, pero en la actualidad nos basta con entrar a una de las redes sociales como facebook o twitter, e interactuar cómodamente con familiares y amigos; algo que podemos hacer aún con más comodidad a través del Skype, con una simple videollamada gratuita a otra persona que esté conectada.

Sin embargo, todo esto ha llegado mucho más allá. Cada vez la gente queda menos para tomar un café o dar un paseo porque puede comunicarse cómodamente desde su domicilio a través de estos sistemas. Los niños juegan menos en la calle con sus amigos o hacen poco deporte porque están más acomodados a sentarse en una silla y jugar por su computadora.

¿Y qué me dicen de los famosos smartphones? Esos celulares que permiten hacer todo al usuario, ya sea usar las redes sociales, ofrecer un servicio de GPS, reconocer la música que estamos escuchando, etc. Tanto es así que a la sociedad le parece como si fuera un delito no usar WhatsApp y a algunos les daría más vergüenza usar un celular viejo que la ropa gastada. Numerosos investigadores llevan confirmando años que los teléfonos móviles acabarán sirviendo también como tarjetas de crédito.

Estudios recientes de las universidades de Milán y Swansea han confirmado que el impacto psicológico de Internet llega mucho más allá de lo que realmente se conoce, donde se determina que los adictos a Internet y los drogadictos presentan síntomas similares en el proceso de desintoxicación; que a los adolescentes con dependencia digital les cuesta levantarse para ir al baño o a dormir, volviéndose cada vez más irascibles, ariscos, malhumorados y ansiosos.

La investigación concluía que los sujetos que más usaban Internet sufrían acusados bajones de ánimo después de desconectarse del ordenador, e incluso el investigador Phil Reed de la Universidad de Swansea ha confirmado que “cuando estos usuarios se desconectan, su humor se vuelve cada vez más negativo, como las personas que se quitan las drogas ilegales, como el éxtasis”.

Quizá la acomodada sociedad actual se esté convirtiendo en una realidad digital de la futurista visión que Aldous Huxley exponía en su libro “Un mundo feliz”, convirtiéndonos en clones digitales, o quizá estemos entrando en una falsa realidad controlada por las máquinas como en Matrix. Discúlpenme que haya sido tan exagerado con estos dos ejemplos futuribles pero quién sabe cómo terminará esto, tanto en lo bueno como en lo malo.

 

* Publicista y relacionista público